Arte para todos los gustos en Milán
Por supuesto que se puede ver todo o casi todo en apenas 48 horas, pero si pretendes profundizar mínimamente en algún tema o fijar la mirada más de cinco segundos en cualquiera de las maravillas a tu alcance, Milán merece bastante más tiempo. Puede que en muchos aspectos esta ciudad no sea muy diferente de otras tantas, pero además de las particularidades comentadas en los dos anteriores posts vale la pena fijarse en unas cuantas más.
Castillo Sforzesco
Para empezar, es muy recomendable visitar el castillo Sforzesco. Situándonos en el patio central, entre sus sobrias y oscuras murallas, nos será fácil remontarnos a la época de los Visconti, que iniciaron las obras de la fortaleza en la segunda mitad del siglo XVI. Pero el castillo debe su nombre a Francesco Sforza, señor de Milán, que retomó los trabajos en el siglo siguiente. Los puentes levadizos y los torreones son elementos característicos de un recinto que acostumbra a llenarse de visitantes deseosos de fotografiarse ante sus murallas.
La última cena
Pero puede que uno de los principales atractivos artísticos de Milán sea la pintura de La última cena, obra maestra de Leonardo da Vinci. La encontraremos en una pared del refectorio del antiguo convento que se halla justo al lado de la iglesia de Santa María de las Gracias. Aunque el edificio, iniciado en 1462 por Giovanni Solari y finalizado treinta años después por Donato Bramante, bien se merece nuestra atención, la verdad es que la gran mayoría de los turistas acuden a este rincón de la ciudad con el único objetivo de contemplar la obra del genial Leonardo.
Un cementerio muy recomendable
No se trata de ninguna broma. De hecho, el Cimiterio Monumentale, un gigantesco cementerio que acoge los restos de ilustres milaneses, merece una mención especial. Viéndolo desde fuera, con sus originales formas y una apuesta decidida por el color blanco, nunca pensaríamos que fue concebido para tal fin. Y visitándolo por dentro, cuando las tumbas y mausoleos ya no dejan lugar a dudas, quedamos prendados por su espectacularidad, nada común en edificios de este tipo.
Arquitectura lombarda
La basílica de San Ambrosio, sin duda uno de los mejores modelos de la arquitectura lombarda, puede ser un magnífico colofón para nuestra visita a Milán. Fundada en el año 386, cuenta con tres naves sin transepto que le confieren un aspecto muy peculiar.
Me encanta Milán y me encanta el arte.