Día dos: comienza la dificultad

Por la vía a Santiago
Tras levantarnos bastante bien, empezamos con el fresquito de la mañana a andar (aunque no tanto como algunos peregrinos que a las 6 de la mañana ya andan con la mochila a cuestas).
Tenemos dos opciones: por el puerto o por la rivera del río. Nos decidimos por la segunda, no sólo porque no nos apetece subir y bajar, sino porque por abajo pasamos por Samos, donde hay un bonito monasterio que merece la pena visitar. Así que hacia allí nos dirigimos, porque aunque sean 5 kilómetros más, en principio es más suave.
La primera parte de la etapa se hace agradable y al llegar a Samos paramos cerca de una hora para ver el pequeño pueblo. El monasterio es impresionante y compartimos el Camino con algunos peregrinos que ya empezamos a conocer. Vienen de muchas partes de España: Salamanca, Málaga, Castellón… y la cantidad de extranjeros que hay es asombrosa, sobre todo, italianos y franceses.
Cuando todo parecía ir bien, comenzaba lo malo: la segunda parte de la etapa es por asfalto y mi rodilla izquierda empieza a dar pinchazos.
Tras subir un pequeño puerto se empieza a notar que el calor aprieta. Estamos cerca de 30 grados y caminar a estas horas sin sombras se hace muy duro. Mi rodilla aguanta mientras se trate de llano o subida, pero en cuanto empieza la bajada noto como va más cargada. A causa de esto fuerzo también más el pie contrario, para quitarle presión a la rodilla, con lo que se empieza a notar el dolor también ahí.
Caminamos un poco más despacio a causa del calor, que ya cerca de las 12 es sofocante. Beber agua constantemente y algunas almendras ayudan a reponer fuerzas.
Al igual que ayer, los últimos kilómetros se hacer interminables; pero no paramos a comer. Intentamos llegar al albergue… ¡Es una forma de animarse!
Cuando por fin lo logramos (y no ha sido nada fácil) me ducho y el alcohol de romero hace maravillas. La siesta es reparadora y nos permite salir a dar un paseo por Sarria, el pueblo más grande hasta ahora. Se nota que tras estar un tiempo parados a los músculos les cuesta entrar en movimiento, así que unos pequeños estiramientos ayudan mucho (y el Aquarius, por supuesto).
Mañana intentaremos salir antes, a ver si evitamos las horas de más calor, y con la previsión de que mi rodilla nos retrasará el ritmo un poco.
El albergue, reservado desde hacer días, queda en silencio cerca de las 22.00. Es hora de irse a dormir y preparase para mañana.