Cómala: Cerca del fuego mexicano
Para que no haya duda de su fama, este cono lleva el nombre de Volcán de Fuego, uno de los más activos de México en los últimos años. Por supuesto, sus escaramuzas de lava, humo y cenizas son en su mayoría amables. De ahí que sea posible recorrer sin contratiempos los poblados y atractivos de la zona ubicada al norte de Colima, donde se encuentra el volcán.
El poblado de Cómala es atractivo y posee cierto aire coqueto. Tiene cualidades para serlo: la zona fue modelo para Pedro Páramo, la célebre novela de Juan Rulfo, y su belleza de pueblo típico le ha permitido pertenecer a un grupo especial de poblados conocido como Pueblos Mágicos. También se le conoce como el Pueblo Blanco de América, ya que en su arquitectura abunda ese color.
De la Cómala actual, son famosos sus centros botoneros. Se trata de restaurantes donde se come en serio, todo acompañado por los ponches de la región y con muchos grupos de mariachi tocando al mismo tiempo y no precisamente la misma canción. Los más típicos centros botoneros son los del centro de Cómala, en los portales.
A sólo dos kilómetros de Cómala está Nogueras, población que le ha dado un personaje excepcional al arte mexicano: Alejandro Rangel Hidalgo, artista que nació y vivió siempre aquí. La Hacienda Nogueras, casa del artista, tiene un pequeño museo con diferentes creaciones de Rangel y una fina colección de piezas prehispánicas de la zona. Por supuesto, Nogueras, el Museo de Rangel y el Eco Parque, vecino de la hacienda, son excelentes paradas sobre la ruta que nos lleva hacia el cono.
Con el permiso del volcán
La carretera 16 conduce al poblado de La Hierbabuena, zona de acceso restringido y custodiada por el ejército debido a la actividad del Volcán de Fuego. De hecho, el pueblo está casi desértico; sólo permanecen en él algunas personas que no creen que el volcán vaya a causar problemas. Los visitantes sólo tenemos acceso por medio de tours o con la compañía de un vulcanólogo experto, como Carlos, especialista de la Universidad de Colima, quien conoce a la perfección la zona y todos los puntos panorámicos donde se puede observar el volcán a plenitud. En el camino, Carlos relata historias como la de la última erupción del volcán a principios del siglo pasado, y nos conduce ante unos grabados prehispánicos donde ya se tocaba el tema del volcán.
Vista desde Suchitlán
Dejamos atrás los bosques en las faldas del Volcán y también el solitario pueblo de La Hierbabuena para dirigirnos a algo más palpable, Suchitlán. Es un poblado de raíces nahuas que guarda una pequeña joya: Herminio Candelario Dolores, quien se dedica a darle vida a pequeños trozos de madera y conformar máscaras tradicionales que más tarde participarán en las festividades de la región. Ahí puede uno olvidarse temporalmente del volcán y sumergirse en el proceso de la creación de una máscara, desde que es sólo un pedazo de madera hasta que obtiene un rostro salpicado de gestos y colores, pleno de símbolos.
Antes de dejar la región visitamos una antigua hacienda del siglo xix creada por alemanes para trabajar con el café de la zona. Se encuentra en el fondo de la Barranca del Agua, por donde hace casi 100 años pasaron las corrientes de fuego que arrojó el volcán. Hoy esta hacienda es un lujoso hotel conocido como Mahakua.
Al final del día, desde la terraza de la hacienda se aprecia el rápido movimiento de un gran muro de nubes que se desplaza hacia el oeste; detrás de él va quedando la silueta de una enorme montaña. Finalmente se dibuja con toda su enormidad el gran volcán. No arroja fuego en este momento, pero sí se manifiesta como una gran presencia que hace palpable el gran respeto y amor que Cómala y sus alrededores le tienen a su Volcán de Fuego.