Lecciones de tango en Buenos Aires

Uno de los paisajes más originales de Buenos Aires es el tango. No importa de qué día de la semana se trate, todas las noches los bailarines amateurs y los profesionales de los excelentes shows se enlazan para bailar la danza que más representa a la ciudad… y también para sacar a bailar.

Sería imposible separar el tango de Buenos Aires y Buenos Aires del tango. La ciudad parece haber crecido para convertirse en el único escenario posible para que el baile, su música y su poesía se desarrollen. El tango es una manera de ser y de sentir. El complemento dramático para los habitantes de la ciudad; que hace que todo suene a tango cuando se está lejos y que en cada barrio haya un show o una imagen en que un par de bailarines de entrelacen en un largo abrazo.

La pasión del tango tiene su razón en su origen geográfico y en los inmigrantes de principio del siglo XX, que recién llegados al Río de la Plata, se mezclaban, añoraban sus tierras, tenían esperanzas y luchaban también con cuchillos. Su temple solitario es el origen del tango. Al comienzo, el baile fue una cosa de hombres. Un baile masculino, rudo y rechazado por las clases altas. Era una danza prohibida hasta que las mujeres comenzaron a bailarlo. La presencia femenina lo sacó de la marginalidad para llenarlo de sensualidad. El tango se mantuvo vigente y se transformó en un fenómeno mundial por esa particularidad. En un mundo en que las parejas de bailes se separaban al ritmo del rock, el tango mantuvo los cuerpos juntos.

Cómo bailar tango

La danza clásica se puede entender como cuatro pasos. El bailarín siempre será el que comience su baile con el pie izquierdo. La mujer lo sigue y en espejo: entonces, deberá mover el pie derecho. Las indicaciones se las da el hombre a través de un lenguaje de marcaciones en su cintura o en su brazo. Los bailarines están unidos. Siempre sus cabezas y sus torsos permanecen pegados mientras que sus piernas y sus pies dibujan figuras en el piso y, a veces, copan el aire para dar una vuelta. El secreto es seguir con el movimiento la melodía, y no el ritmo como en otras danzas. En una pista, las parejas siempre se desplazarán en el sentido de las agujas del reloj.

El escenario podrá cambiar pero no la esencia del baile. Buenos Aires tiene shows excepcionales con profesionales que bailan, tocan y cantan el tango como ninguno. También escuelas de baile que enseñan los secretos de la danza. Pero también hay reuniones más informales que convocan a una legión de apasionados con ganas de bailar.

Un poco de historia

Los tangos se oyen de las orquestas tradicionales pero, sin duda, un viajero en busca de sonidos estelares deberá escuchar la voz de Carlos Gardel, que inmortalizó ese ritmo. La discografía del “Zorzal Criollo” está disponible en cualquier casa de música de Buenos Aires. Gardel murió en 1935 y dejó un estilo difícil de imitar. Una década después de su desaparición, los poetas llegaron al tango y le dieron un contenido memorable al ritmo que sigue el dos por cuatro. Enrique Santos Discépolo y Homero Manzi son dos grandes de las letras tangueras. Las orquestas de Aníbal Troilo y Osvaldo Pugliese los acompañaron con maestría. Fue en los años sesenta que Astor Piáosla llegó al tango para revolucionarlo con su ritmo.

Su “Adiós Nonino” es un clásico del repertorio musical argentino. El cantante Roberto Goyeneche le puso una voz ronca y rasposa, única, en los años 70 y 80 y fue el nexo entre los viejos tangueros y la joven guardia. Entre este grupo están la cantante Adriana Varela y el músico Rodolfo Mederos, que son actualmente algunas de las figuras destacables de la música ciudadana. Los acompañan un grupo de jóvenes treintañeros entre los que figuran La Chicana, Pequeña Orquesta de Reincidentes y El Arranque. Todos unidos por esa pasión que tiene música y verso y que se baila. El tango.