Descubriendo América: Acapulco 1/2
Acapulco se reinventa constantemente para ofrecer al visitante nuevas alternativas. Prueba de ello es el Jardín Botánico, inaugurado el año pasado y que forma parte de los esfuerzos que el puerto está haciendo para proteger su biodiversidad. El jardín es un santuario natural que reúne una muestra de la flora y la fauna más representativa de la zona en una superficie de seis hectáreas de selva tropical. Se trata de un paraíso que debe recorrerse con los sentidos abiertos: un sendero empedrado nos lleva por un camino tupido de plantas, flores y árboles gigantescos entre los que asoman iguanas, inofensivas serpientes, una gran variedad de insectos y coloridas aves que llenan cada rincón con su música particular.
¿Nada nuevo bajo el sol?
Para recorrer la bahía también hay novedades. Antes, las alternativas se limitaban al Yate Fiesta o al barco de piratas para un paseo más familiar. Ahora hay medios más intrépidos, como Ocean Riders: una lancha con doble motor fuera de borda que navega a casi 120 kilómetros por hora. No sólo resulta emocionante la velocidad, sino la posibilidad de llegar a lugares casi inaccesibles. Las lanchas tienen capacidad para diez personas y son una atracción segura, incluso para niños.
Para los que quieren ver la nueva cara de Acapulco, la Zona Diamante es obligatoria. Esta extensión rejuvenecida del puerto tradicional, con su aire mundano y sofisticado, fascina a los espíritus más exigentes. Una inversión de mil 400 millones de dólares está dando vida a increíbles espacios turísticos, donde nada falta. Lugares como Quinta Real, Mayan Palace y el Fairmont Acapulco Princess son espléndidos espacios construidos con miles de detalles. Y esto sólo es el preámbulo a lo que está por venir.