Día uno: el primer día en el Camino

La vía a Santiago

La vía a Santiago

Después de llegar ayer a las 17.30 a O Cebreiro empezaron los problemas: no hay sitio en el albergue público. Somos 3 así que no va a ser fácil encontrar un sitio para dormir siendo la hora que es. Optamos por llamar a la Guardia Civil y preguntar si se va a habilitar el polideportivo de Piedrafita (4 kilómetros en dirección contraria, bajando un puerto que al día siguiente se sumaría a la etapa), pero allí no saben nada.

Seguimos probando con números de albergues privados de los alrededores, ya que los e O Cebreiro están llenos. Finamente tenemos “suerte”: queda una cama libre a 2 kilómetros y pueden venir a buscarnos. Por lo menos uno dormirá en un colchón, a los otros dos les toca en una colchoneta en el garaje lo cual, visto la hora que es, es una buenísima opción.

Tras esto, aprendemos la primera lección: hay que intentar reservar el alojamiento por lo menos con dos etapas de antelación. Esto, eso sí, sólo se puede hacer en privados, no en los públicos, pero el precio es similar y las plazas no abundan.
Después de una cena copiosa y las charlas con los compañeros peregrinos que nos encontramos es hora de irse a dormir. Mañana empieza lo duro y hay que descansar.

Suena el despertador a las 7.00 y nos ponemos en pie con ganas. Tras un desayuno ligero empezamos la marcha con ánimo. Esta primera etapa es de las más largas, con 25 kilómetros, pero no se hacen difíciles, por lo menos al principio. No hace calor y el desnivel no es extremo. Cerca del kilómetro 20 es un buen momento para parar a comer nuestro bocata, tras las “paradiñas” previas para picar algunas almendras, reponer agua o descansar unos minutos. Nos queda poco para llegar a nuestro primer destino y los ánimos están altos.

Sin embargo, las ganas de llegar y el dolor de espalda y pies hacen su aparición, provocando que el último tramo se haga duro y parezca interminable. Además es todo cuesta abajo, pero un desnivel tan pronunciado que el esfuerzo que hay hacer no es facil de llevar y las energías empiezan a fallar.
El pueblo se ve a lo lejos, y aunque parece que nunca termina de llegar, al final lo hace.
Balance: superado. Llegamos a las 15.30 tras algo más de 6 horas andando (calculando que sin las paradas, el ritmo es de 4 kilómetros y pico por hora).

Ahora, una ducha, cuidamos los pies y los músculos con hidratantes y a ponerse a llamar a más albergues para los próximos días, que ya hemos visto a alguno por aquí, que de momento no tiene donde dormir.

Mañana es la segunda etapa, dicen que es la más dura, pero el ambiente y las ganas son increibles así que voy con ánimo, aunque… mañana os contaré.

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Lisboa, la hermana desconocida

Mosteiro dos Jeronimos

Mosteiro dos Jeronimos

En las siete colinas que forman la ciudad encontramos una mezcla perfecta entre modernidad, nostalgia, innovación y tradición. A través de sus edificios, sus barrios, sus calles y sus gentes podremos sentir este curioso conjunto.

Una mirada al Imperio Portugués: Belem y Alfama

Durante la Era de los Descubrimientos, Lisboa se convirtió en una de las capitales europeas más prósperas, debido al comercio lusitano con sus colonias en Asia, África y América. Parte del encanto de la ciudad todavía recae en esa gran prosperidad que para muchos ha podido transformarse en decadencia.

Gran parte de este legado puede apreciarse en el barrio de Belem, situado en las afueras, en la orilla del Tajo, donde se pueden visitar monumentos de la época como el Monasterio de los Jerónimos, la Torre de Belem y el Monumento a los Descubridores. También en este barrio es obligatorio disfrutar de los famosos Pasteles de Belem.

Debido al terremoto que sufrió el centro de la ciudad en 1755, es difícil encontrar vestigios medievales, y los más principales se hallan en el antiguo barrio musulmán de la ciudad, Alfama.

El barrio de Alfama se sitúa en la mayor colina que se yergue en la ciudad, que es coronada por el Castillo de San Jorge, la antigua residencia monárquica y fortaleza de la urbe. Desde el castillo se obtienen las panorámicas más espectaculares de la ciudad, así como en los distintos miradores que pueblan el barrio. Tampoco es arriesgado perderse por sus calles y experimentar la Lisboa más tradicional, aquella que parece que ha retrocedido en el tiempo más de 50 años.

El corazón económico de Lisboa: Baixa y Avenida

Nada más bajar la colina de Alfama llegaremos a Baixa, el centro de la ciudad. Baixa fue uno de los barrios más afectados por el terremoto de 1755 por lo que fue completamente reconstruido por el Marqués de Pombal, según los cánones estéticos de la época.

Por ello destaca sus calles en forma de cuadrícula y las distintas plazas que adornan el barrio, especialmente la Plaza de Rossio y su belleza innata para atraer turistas (con la grandeza del Teatro Nacional y la pelicular arquitectura de la Estación de Rossio en sus cercanías) o la vecina Plaza de Figueiras, antigua plaza del mercado. La calle principal de Baixa, la Rua Augusta, desemboca en la Plaza de Comercio, una bella y gran explanada en la orilla del Tajo donde se recibía a los grandes dignatarios extranjeros.

Otra de las atracciones de la zona es el Elevador de Santa Justa, un peculiar ascensor que une Baixa con el Barrio Alto diseñado por uno de los discípulos de Gustave Eiffel y con unas increíbles vistas del resto de la ciudad.

Al norte de Baixa y tras cruzar la Plaza de Restauradores, con su obelisco en memoria a los caídos por la Guerra de Restauración de 1640, llegamos a la Avenida de Libertad, una de las arterias más destacadas de la ciudad plagada de tiendas de diseño y hoteles de lujo. Desemboca en la Plaza de Marqués de Pombal, cerca del Parque Eduardo VII, un cuidado espacio verde casi en el corazón de la ciudad.

Las últimas tendencias: Barrio Alto y Chiado

En otra de las colinas de la ciudad se sitúa el Barrio Alto, una de las zonas más peculiares de la ciudad. Sus calles, cerradas al tráfico rodado, se comportan como un pequeño pueblo dentro de la ciudad, pero plagado de las últimas tiendas en cuanto a diseño y los más disparatados pubs para tomar copas, todo ello aderezado de tiendas típicas de barrio y establecimientos donde el fado es la única música a escuchar.

Es el barrio de referencia de la noche lisboeta y se encuentra siempre plagado de jóvenes, todos los días de la semana, hasta la hora de cierre de los pubs, pero no todo es marcha en el Barrio Alto y así veremos también otros impresionantes miradores y entre sus calles se esconderán galerías de arte y museos.

Chiado es el barrio intelectual de Lisboa. Destacan sus numerosas librerías y la Iglesia de Carmo, un vestigio medieval en ruinas en lo alto del barrio. Tras atravesar la Rua Garrett con sus numerosas librerías no dude en reunirse en la antesala del Barrio Alto, la Plaza de Camões, y sí, casi todas las calles de Chiado son nombres de poetas y escritores portugueses que moraron en este barrio.

La modernidad tras 1998: Parque de las Naciones

En 1998 Lisboa organizó la Exposición Internacional coincidiendo con el 500º aniversario del viaje de Vasco de Gama y permitió a la ciudad realizar un gran lavado de cara especialmente en el área designada para la construcción de los pabellones, Parque de las Naciones, al oeste de la ciudad.

Debido a este evento, la zona destaca por sus notorios edificios modernistas. Así, el visitante puede disfrutar de la Estación de Oriente, diseñada por Calatrava; la Torre Vasco da Gama, el edificio más alto de la ciudad o el Oceanario de la ciudad, con una notable colección de flora y fauna marina.

Toledo, la ciudad inmortal

Toledo se vive con los cinco sentidos (Imagen: toledo-turismo.com)

Toledo se vive con los cinco sentidos (Imagen: toledo-turismo.com)

Ciudad clave en la historia de España, capital del reino con Carlos I, bastión del pintor El greco y cuna de numerosas civilizaciones.

Considerada por muchos la segunda Roma, la ciudad manchega no deja de ser única en su historia, su cultura y su encanto. Su casco antiguo está vinculado a la religión. Musulmanes, judíos y cristianos han tenido una época esplendorosa en las calles toledanas.

Sorpresas en cada esquina

El tamaño de la capital de Castilla-La Mancha, tan sólo cuenta con 70.000 habitantes, es inversamente proporcional a su belleza. Un paseo por sus estrechas callejuelas con empinadas cuestas, nos devolverán a una época de cuento.

Siempre es posible descubrir un nuevo monumento, una pequeña iglesias en un callejón o un recuerdo inolvidable en la siguiente esquina. Y por supuesto sus vistas desde las afueras. Toledo emerge imponente en una península sobre el río Tajo.

Aquellos que visitan la ciudad en un solo día piensan que lo han visto todo. Están muy equivocados. Toledo no es sólo su Catedral o el barrio de la judería. Es una ciudad repleta de sorpresas en cada una de sus angostas callejuelas.

Una noche toledana

A lo largo de los siglos la urbe toledana ha sabido conservar numerosos templos arquitectónicos, culturales y artísticos. Iglesias, mezquitas y sinagogas, fiel reflejo de las tres religiones monoteístas que caracterizaron la ciudad a lo largo de los siglos, se mezclan en las calles de esta bella ciudad.

Toledo no sólo está compuesto de monumentos y templos dedicados a la religión. Sus calles están llenas de historias, de leyendas. Sus impresionantes murallas o el impresionante Alcázar, testigo directo de la historia de España, hacen de Toledo un museo al aire libre muy singular.

Caminando por la antigua judería nos encontraremos ante la Casa de El Greco. Desde 1910 fue convertida en museo, en el que se exhiben cuadros y pinturas de este genial pintor.

La noche toledana, que da sentido a un mítico refrán, no podía ser menos que sorprendente. Entre sombras y alumbrados por los candiles de sus calles, descubriremos una nueva forma de disfrutar de esta bella ciudad. Para no perdérsela.

Mérida, una ciudad por la que no pasa el tiempo

Mérida es una de las joyas romanas de España (Imagen: merida.es)

Mérida es una de las joyas romanas de España (Imagen: merida.es)

Su localización en un punto céntrico de la comunidad, la convierten en el centro de toda riqueza económica, cultural, arquitectónica y ecológica de la región extremeña, además de ser el nudo de comunicaciones.

Mérida es así el centro neurálgico de un extenso territorio, es el punto de conexión Norte-Sur a través de la Autovía “Vía de la Plata” A-66 (Gijón-Sevilla) y Este-Oeste por medio de las Autovías A-5 (Madrid-Lisboa) y la A-43 (Lisboa-Valencia).

Mérida, Patrimonio de la Humanidad

Esta ciudad fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993 debido a su importante conjunto arqueológico y monumental, y actualmente tiene el título de Muy Noble, Antigua y Leal Ciudad de Mérida. Sus monumentos y estructuras mantienen viva, todavía hoy, la historia de esta ciudad, que puede verse reflejada en los edificios de nueva construcción, modernos y funcionales, que han convertido a la ciudad en un referente de congresos y servicios.

Mérida se defina como una ciudad cercana y tranquila, pero sin quedarse atrás en cuanto a evolución, ya que tiene un gran porcentaje de población activa, lo que ha creado un gran crecimiento económico y urbanístico. Despeña también su papel de capital, ofreciendo una amplia oferta hotelera con establecimientos de categoría y lujo para el disfrute de los turistas.

Historia de la ciudad

En cuanto a su historia, Mérida fue fundada en el 25 a.C. con el nombre de Emerita Augusta por Octavio Augusto para los soldados eméritos (jubilados) licenciados del ejército romano. La ciudad fue la capital de la provincia romana de Lusitania y comenzó así un periodo de esplendor del que dan fe sus magníficos edificios, el teatro, el anfiteatro, el circo, los templos, los puentes y acueductos. Hasta la caída del Imperio Romano de Occidente, Mérida fue un importantísimo centro jurídico, económico y cultural que Ausonio catalogó como el noveno lugar más destacado del Imperio.

En épocas posteriores, Mérida sufrió incursiones de los pueblos bárbaros hasta el asentamiento de los visigodos. Posteriormente, ante la negación a la invasión musulmana, se ordenó construir la alcazaba, con lo que la ciudad fue prácticamente destruida.

A principios del siglo XIII, las tropas cristianas del rey Alfonso IX de León reconquistaron Mérida, pero no se volvió a imponer como la sede episcopal de Hispania ante la negación de los obispos de Santiago y Badajoz, y será en la época de los Reyes Católicos cuando la ciudad inicia una recuperación, que con la invasión francesa supondrá una pérdida de su patrimonio histórico artístico.