El paraíso, Galicia

Atardecer en Playa Samil

Atardecer en Playa Samil

Galicia es una comunidad formada por cuatro provincias: Lugo, La Coruña, Ourense y Pontevedra. Pero este post se va a centrar en la última. La ciudad más importante es Vigo, y aunque su fama de industrial le quita muchos turistas, la verdad es que tiene rincones de encanto.

Vigo, las mejores puestas de sol de la costa atlántica

Una de las playas más famosas del norte de España es la Playa Samil. Y está en Vigo. Sus 1700 metros ofrecen vistas de las Islas Cíes y las mejores puestas de sol de la costa atlántica. En verano sólo los más valientes pueden darse un baño, por lo fría que está el agua. Pero todos, valientes o no, pueden pasear por su orilla y sentarse en la arena a tomar un buen helado mientras ven el atardecer en buena compañía.

Hacia el interior de la ciudad hay dos parques que nada tienen que envidiar al Retiro madrileño. El Castro y Castrelos son los pulmones de la ciudad, además de ofrecernos unas preciosas vistas de ésta.

Castrelos es el más pequeño de los dos, pero no por eso menos importante. Tiene un pazo del siglo XVII declarado monumento histórico-artístico en 1955. Detrás de este pazo hay unos preciosos jardines, y todo ello está flanqueado por torres de vigilancia que en su día protegían a los habitantes del pazo.

Por su parte, el Castro es mucho más grande. Su parte alta está rodeada por una gran fortaleza que, cuando llegas arriba, te muestra las vistas de la parte baja de la ciudad, que a su vez está rodeada por la ría de Vigo. Es un sitio perfecto para hacer fotos y para pasear. La arquitectura del Castro está dividida en dos etapas constructivas: el poblado prerromano y la fortaleza militar que en el siglo XVII defendía el puerto y la ciudad de Vigo.

En muchas zonas del Castro hay cañones antiguos (aunque bien conservados) y en su parte baja hay tres cañones que apenas se conservan, y dos anclas que no hay turista que no sucumba a hacerse una foto con ellos, a la orilla de la fuente que hace las delicias de los perros que se bañan en ella.

¿Qué comemos? ¿Y con qué lo regamos?

Cuando pensamos en platos gallegos se nos vienen muchos a la cabeza: el pulpo, el lacón con grelos, la empanada, y el marisco en general. Al pulpo a la gallega se le ponen patatas cocidas, sal gorda, pimentón y aceite de oliva. Y las empanadas pueden estar rellenas de cualquier cosa que se nos ocurra, aunque las más famosas son las de bonito, carne o bacalao.

Y como no se puede comer sin beber, podemos recurrir al albariño (un vino blanco que acompaña al marisco) o al ribeiro, que combina con la cocina más popular. La queimada es una mezcla de aguardiente con azúcar y frutas que se quema para ahuyentar a las meigas, las brujas gallegas.

Hay madrileños que, después de haber ido sólo para unas vacaciones, se han quedado allí. Y no es de extrañar. Si el paraíso existe, está en Galicia.

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Praga y sus jardines

Praga y sus jardines

Praga y sus jardines

Si los jardines se encuentran en Praga todo cobra otra dimensión, porque lo mínimo que espera el viajero es que los jardines estén a la altura de la ciudad.

Leyenda y poesía

Y lo están, desde luego que lo están. Ciudad bella entre las ciudades bellas, Praga puede presumir además de unos jardines que ofrecen todo lo que puede desear el más exigente amante de los jardines. Y no hablamos sólo de lo que salta a la vista, sino también de arte y leyenda, de cuentos y poesía. Todo tiene cabida en unos jardines que, por derecho propio, forman parte de los principales atractivos de la capital checa.

Jardín Wallenstein

Merece la pena detenerse unos minutos en este jardín barroco para contemplar sus esculturas, que representan distintas divinidades mitológicas y fueron realizadas por Adriano de Vries. No son las originales, que desaparecieron en manos de los suecos durante la Guerra de los Treinta Años, pero aun así están a la altura de un escenario monumental.

Palacio de Troya

Esta mansión barroca, diseñada por Mathey, fue la residencia estival de Sternberck y cuenta con una escalinata exterior adornada con esculturas que escenifican la batalla entre titanes y divinidades mitológicas. De concepción geométrica, el jardín fue concebido de acuerdo con el estilo francés.

Palacio Kolovrat

Situado en la ladera sur del Castillo de Praga, sus terrazas con pabellones glorietas y las esculturas del barroco constituyen un motivo de regocijo para los turistas deseosos de belleza.

Jardín del Paraíso

También en la ladera sur del castillo, este jardín ofrece unas vistas impresionantes de la ciudad. Fue reconstruido en tiempos de María Teresa, cuando se plantó una arboleda que unía una glorieta con la Torre Negra.

Rosaleda y observatorio astronómico

En los jardines de Petrín se encuentra una rosaleda que domina la cima de la colina y se sitúa entre una muralla gótica y las fortificaciones barrocas. Sin salir de la colina podemos visitar el observatorio astronómico, una magnífica oportunidad para enfrentarnos a la inmensidad del universo.

La peña de Vysehrad en Praga

pragaAunque nos referimos a uno de los montes de la capital checa, quien lea la palabra peña y piense en un grupo de amigos o camaradas tampoco andará muy desencaminado, porque entre otras muchas cosas Vysehrad es un punto propicio para el encuentro, para pasear, observar y compartir buenos momentos en un escenario cargado de historia y simbolismo. No en vano, la peña aglutina todo tipo de historias y leyendas, desde la que habla de una princesa que profetizó el nacimiento de Praga junto al Moldava hasta la que coloca en el trono principesco de Vysehrad a un labrador.

Ciudad fortificada

Sean o no ciertas las leyendas, parece probado que el rocoso promontorio junto al río ya estuvo poblado en el paleolítico tardío, es decir, mucho antes de que los primeros eslavos llegaran a la zona. Los historiadores también coinciden en que la ciudad fortificada ya existía en el año 1003 y añaden que fue el único castillo de Bohemia que resistió las embestidas del príncipe polaco Boleslao.

Centro de poder

Las rivalidades son propias de la naturaleza humana y ya sabemos que Praga tiene alma y, por lo tanto, es un poco humana. En los siglos X y XI, Vysehrad y el Castillo de Praga pugnaban por convertirse en el centro de poder de la ciudad. Con la llegada al trono de Vratislao II, Vysehrad vivió sus mejores momentos, que incluyeron la construcción de la basílica de San Pedro y San Pablo.

Decadencia y esplendor

Luego vinieron periodos de decadencia, hasta que en el siglo XIV, con el reinado de Carlos IV, Vysehrad volvió a ser un lugar lleno de vida y esplendor, ocupando desde entonces un puesto privilegiado en la historia del país. Ya en el siglo XIX, artistas de todo tipo alimentaron su obra con las viejas leyendas ambientadas en un peñasco que sigue siendo uno de los lugares más interesantes de una ciudad repleta de lugares interesantes.

Iglesia de San Pedro y San Pablo

Fue fundada en el año 1070 por el entonces príncipe Vratislao II, que según los historiadores transportó personalmente doce cestas de piedras para los fundamentos del templo. Con sus tres naves, esta basílica ha experimentado distintas reconstrucciones en diversos estilos, presentando actualmente un aspecto neogótico derivado de un proyecto de Mocker.

Baño de Libuse

En las ruinas de las fortificaciones levantadas en tiempos de Carlos IV se conserva este extraño monumento, que en realidad se utilizaba como atalaya y para recibir los cargamentos que procedían del río. La leyenda afirma que en este punto del río se bañaba la princesa Libuse.

El monasterio de Strahov en Praga

Situado en un punto privilegiado de la capital checa, en la frondosa ladera de Petrín, el monasterio premonastrense de Strahov data de 1140, cuando fue fundado por el rey de Bohemia, Vladislao II, a instancias del obispo de Olomouc, Jindrich Zdík. Tanto el monasterio como la abadía se construyeron de acuerdo con el estilo románico, que a pesar de las numerosas reconstrucciones ha llegado casi intacto a nuestros días. En su conjunto, el monasterio es uno de los elementos culturales más emblemáticos del país.

Centro cultural

Desde sus inicios, bajo la protección de Vladislao II, el monasterio se convirtió en un destacado centro cultural que ya en la Edad Media recibió el nombre de Sión. Esta denominación no obedecía solamente a su majestuosidad y emplazamiento, sino también, quizá principalmente, al hecho de que se convirtió en un espacio de florecimiento para las ciencias (igual que las rosas plantadas junto al manantial de agua en la bíblica Sión).

Esplendor

Como no podía ser de otra manera, el monasterio vivió momentos de apogeo, pero también sufrió periodos de cierta decadencia que, a la larga, acabaron proporcionándole un carácter que iba mucho más allá de los abades que lo gobernaban. Todos ellos, sin embargo, hicieron lo posible por darle esplendor. Es el caso de Kaspar de Questenberk, que trasladó a Strahov, desde Magdeburgo, los restos del fundador de la orden premonastrense, San Norberto.

Sala teológica y filosófica

Uno de los momentos más relevantes de la historia del monasterio es la creación, en 1571, de la sala teológica de la biblioteca. Un siglo después se levantó un conjunto independiente, con una sala filosófica en cuyo techo, decorado por Maulbertsch, se puede admirar un fresco que representa la historia de la humanidad.

Iglesia de San Roque

En el conjunto del monasterio también se encuentra la iglesia de San Roque, antigua iglesia parroquial de Strahov. Fue construida entre 1603 y 1612, durante el reinado de Rodolfo II, en homenaje a las víctimas de la peste que castigó a la ciudad en el último año del siglo XVI. Con un estilo entre gótico y renacentista, el templo ha sufrido diversas renovaciones, la última de las cuales lo convirtió en sala de exposiciones.

Asunción de la Virgen

La abadía premonastrense, que data del siglo XII, empezó siendo una basílica románica de tres naves, pero sucesivas reconstrucciones fueron variando su aspecto. Primero la renacentista y, a mediados del siglo XVIII, la barroca, que incluyo la fachada y las torres, obra de Anselmo Lurago.