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Día cinco: 27 kilómetros de “etapa reina”

Escrito por de 30 de junio de 2010 con 0 Comentarios
La naturaleza

La naturaleza

Después de un descanso adecuado nos levantamos a las 06:00 a.m y lo primero que escuchamos es el repiquetear de las gotas en el suelo. Es algo que no anima mucho a levantarse, y menos cuando aún no ha amanecido. Pero sabemos que el día será largo, y cuanto antes empecemos, mejor.

Salimos de Palas de Rei con nuestras mejores galas: chubasqueros y capa, con la capucha calada para que no se cuele ni una sola gota. La lluvia no es muy fuerte, pero sí continua, y lo debe haber sido durante toda la noche porque el Camino es puro barro.

Este tiempo debe haber desanimado a los peregrinos, porque nos encontramos con mucha menos gente de la que estamos acostumbrados a primera hora. Hasta las 10:00 caminamos entre pequeños ríos de agua y barro, pero cuando la lluvia cesa cogemos ritmo para llegar cuando antes a Melide, nuestra primera parada.

Allí nos tomamos las almendras y el plátano de rigor, que parece que no pero te ayuda a recuperar bastante. Como el camino continúa siendo sencillo, seguimos a buen ritmo, pasando por pequeños pueblos y bosques de película.

¡Ah por cierto! Se me olvida contar que en esta etapa ya pasamos de la provincia de Lugo a La Coruña. Es algo que se nota en una mejor señalización y por el aumento de áreas de descanso con mesas cada pocos kilómetros. También hay más papeleras, lo que sin duda hace que se respete más la naturaleza y la mantengamos limpia.

Alrededor del kilómetro 23 las piernas empiezan a flaquear y las articulaciones se resienten. Por suerte no han aparecido las ampollas (seguro que la vaselina en los pies cada mañana ha ayudado a eso). Si no, la solución sería pincharlas con hilo y aguja y desinfectarlas con betadine. Algún peregrino hay ya experto es este ritual todas las tardes en los albergues. Si tienes suerte dejarán de dolerte, al menos durante unas horas, pero sobre todo debes cuidar que no se infecten.

Arzúa se sitúa en lo alto de un cerro, y esos 2 últimos kilómetros en cuesta arriba se hacen, como siempre, interminables. Además, desde el pueblo de Ribadiso el camino se hace un kilómetro y pico más largo que si coges la intersección con una de las carreteras; algo de lo que te das cuenta una vez has llegado arriba y miras hacia atrás (y que seguramente oirás comentar en el albergue a tu llegada). Es raro que ocurran estas cosas, normalmente el camino es más corto que la carretera, pero alguna vez tenía que pasar.

El albergue se encuentra a la entrada del pueblo, y tras una ducha refrescante y una visita al centro de Arzúa, uno de los pueblos más grandes por los que hemos pasado, nos vamos a dormir con la mente puesta en los 20 kilómetros de mañana. Después de los de hoy, seguro que es pan comido.

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