El barrio antiguo de Jaén

Foto de la web: www.turjaen.org
Andalucía es muy grande, ya lo sabemos. Y aunque la grandeza no garantiza el encanto, lo cierto es que las tierras andaluzas están repletas de rincones atractivos, de ciudades y parajes que bien vale la pena visitar. Es el caso, sin duda, de la provincia de Jaén y, cómo no, de su capital.
Mucha historia
Muchos afirman que es la puerta de Andalucía, y lo es cuando se viene de Ciudad Real o Albacete. Otros presumen de sus espacios naturales protegidos, que por algo es la provincia española que los reúne en mayor extensión. La mayoría destaca que en Jaén nace el imponente río Guadalquivir, todo un acontecimiento líquido que surge de las entrañas del corazón del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas. Pero todos, sin excepción, coinciden en la belleza del barrio antiguo de una ciudad cargada de historia.
Castillo de Santa Catalina
Jaén pasó a ser tierra árabe en el año 712 y tuvieron que pasar más de cinco siglos para que fuera entregada a Fernando III por el rey Alhamar. Ocurrió en 1246, en un acto pacífico que contrastaba con la severidad del castillo de Santa Catalina, levantado por los árabes en un cerro que domina toda la ciudad. El antiguo patio de armas, que hoy en día es un auditorio cultural, y la torre de homenaje son dos de los elementos más destacados de un recinto que desde hace un tiempo comparte cerro con un parador de turismo.
Barrio de la Magdalena
Quien quiera adentrarse en las sinuosas callejuelas del Jaén más antiguo tendrá que acudir al barrio de la Magdalena, denominado así por la iglesia consagrada a esta virgen. Además del templo, el barrio cuenta con otros edificios de gran interés: los Baños Árabes, el Archivo Histórico Provincial, el antiguo Hospital de San Juan de Dios, actualmente convertido en centro cultural y social, y el Palacio de Villardompardo.
La Catedral
Pero nadie discute que el monumento más emblemático de Jaén es la Catedral, construida entre los siglos XV y XVIII sobre la antigua mezquita árabe. Se trata de una pieza única del Renacimiento andaluz, dotada de una fachada impresionante y de un interior cargado de atractivo, con capiteles labrados y bóvedas y cúpulas cinceladas con imágenes históricas. Cuenta con dieciséis capillas, entre las que sobresale con fuerza la de Nuestro Padre Jesús. El museo catedralicio exhibe una interesante colección de pintura de carácter religioso.