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El barroco en Praga

Escrito por de 3 de julio de 2009 con 0 Comentarios

Vista de Praga

Vista de Praga

El aroma de sus calles, el peso de la historia y la belleza de sus edificios cautivan sin problemas al visitante más exigente, ávido de sumergirse, ni que sea metafóricamente, en las aguas de una urbe que entre muchos otros atractivos destaca por los elementos arquitectónicos del barroco.

Palacio Cernin

Aunque parezca increíble, el barroco también tiene una corriente sobria, poco tendente a los excesos en contraposición a la que se deleita con la acumulación de detalles y elementos. Una de las mejores muestras de esta línea austera es el Palacio Cercin, que a pesar de su monumentalidad sigue siendo un edificio cuya belleza reside en la sencillez. En la actualidad, es la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Iglesia de San Nicolás

Famosa por su enorme cúpula verde, constituye todo un símbolo del barroco praguense. Las obras de construcción se iniciaron en 1703 y no concluyeron hasta medio siglo después. Participaron en los trabajos algunos de los mayores artistas plásticos de la época, como Jan L. Kracker, autor del inmenso fresco en la bóveda de la nave principal, y los escultores I. Platzer y J. B. Kohl.

Iglesia de San Ignacio

Fue erigida en el mismo solar en que antiguamente existía una iglesia gótica, tras una donación de Fernando II a los jesuitas. El arquitecto Carlo Lugaro supervisó entre 1665 y 1687 la construcción del templo, que posteriormente, en los últimos años del siglo XVII, fue remodelado Por Pavel Bayer. Visitarlo es exponerse a una serie de sensaciones sobrecogedoras que alcanzan su punto culminante cuando después de reseguir las capillas laterales, débilmente iluminadas, desembocas en la amplia nave central y, sobre todo, en el espléndido altar mayor en forma de portal.

Loreto

La iglesia de Loreto surgió de la Santa Cabaña, una pequeña construcción que, según cuenta la leyenda, imita la casa de la virgen en Nazaret, transportada por los ángeles al Loreto italiano. Fue levantada entre 1626 y 1631 por el arquitecto G. B. Orsi, creciendo posteriormente a su alrededor el claustro de un piso con diversas capillas.

Palacio Arzobispal

Fernando I regaló en 1562 al arzobispo de Praga una casa de estilo renacentista en la Plaza Hradcanské. El edificio sufrió diversas remodelaciones, siendo adaptado al estilo barroco en la segunda mitad del siglo XVII por Mathey. Su actual aspecto rococó procede de una remodelación realizada posteriormente por Wirch, quien a pesar de todo se mostró muy respetuoso con el estilo barroco de su predecesor.

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