El imperio blanco: Ushuaia
Solo la fría voz del viento es capaz de interrumpir su silencio. Ushuaia es un lugar donde el largo invierno no admite la luz y el verano prácticamente no registra la noche. Así es la Antártida, la nueva aventura de los grandes viajeros, que hoy comenzaremos a compartir.
Embarcado en un crucero de lujo o en un impetuoso rompehielos, la travesía comienza con el avistaje de los primeros témpanos navegando a la deriva y la imponente presencia de las espectaculares catedrales de hielo, los glaciares. Entre octubre y marzo, con la llegada del verano austral, se inicia la temporada de viajes. Desde entonces, una convocatoria cada vez mayor de turistas norteamericanos, europeos, y recientemente latinos y orientales, aguardan con premura y avidez el despegue.
La Antártida posee una extensión de aproximadamente 14.000.000 km2, destacándose como el cuarto continente más grande del mundo. Además de ser considerado el lugar más frío, seco y ventoso del planeta. Tanto, que durante las extremas temperaturas de invierno las aguas adyacentes se congelan, prolongando su superficie hasta los 30.000.000 km2. Llegar a ella no es fácil. Los impredecibles designios del tiempo determinarán hasta dónde estará permitido acercarse. Pero sin duda, acceder a la intimidad de esta tierra indomable será una travesía incomparable.
El universo blanco
Aunque en 1772 el capitán inglés James Cook cruzó por primera vez el Círculo Polar Antártico circunnavegando la Antártida, nunca llegó a divisar el continente. Sólo a principios del siglo XIX, divulgado por los buques balleneros y cazadores de focas que recorrían los mares del sur, se tuvo conocimiento empírico de su existencia. Poco tiempo después, este” Desierto Blanco” se convertiría en el paraíso de científicos e intrépidos expedicionarios.
Ubicada a 1.000 km de Tierra del Fuego, Argentina, entre el Mar de Weddell al este y el Mar de Ross al oeste, la Península Antártica, con su caprichosa forma de “S”, proclama su cercanía hacia América del Sur. Así, partiendo de Ushuaia, la ciudad más austral del mundo, los cruceros ofrecen trayectos cuya duración varía entre siete y veinte días, recorriendo, en todos los casos, las atracciones más importantes. Ya se trate de buques rompehielos, cruceros de lujo o expediciones de aventura, todas las embarcaciones cuentan con la presencia de biólogos y geólogos que ofrecen valiosas conferencias explicativas sobre cada paisaje.
Lo más difícil será decidirse por una sola ruta turística. Las opciones son muchas, como así lo son los extraordinarios destinos a conocer. Con la Península Antártica como objetivo final, los cruceros atraviesan islas, fiordos, canales y montañas, siempre enhebradas en el majestuoso escenario polar. Una vez que se haya cruzado el impiadoso Pasaje de Drake, los escenarios comiencen a desplegarse.
Ante la inminencia del descenso, los turistas son trasladados en grupos acotados. Todos son provistos de un sofisticado equipo que consta de botas, guantes, pantalones impermeables, anteojos protectores y chalecos salvavidas. Además, se debe tener en cuenta que no está permitido tocar a ningún animal, llevar productos orgánicos ni tomar ninguna clase de “souvenir”. Estos son los ítems más importantes que, junto a otras indicaciones, cada guía se asegurará de recordar.
Recorriendo el continente
Entre los sitios más visitados se destacan las Islas Shetland del Sur, un archipiélago localizado a 12 o km la Península Antártica, que se eleva como un auténtico refugio para la fauna. En ésta, la zona más cálida y colorida del territorio antártico, se realizan itinerarios que pueden incluir la Isla Decepción, de origen volcánico, donde descansa uno de los pocos cráteres aún activos. Este lugar permite vivir una experiencia incomparable: sumergirse en aguas antárticas. El volcán en Caleta Péndulo, dio origen a una particular laguna de agua templada que invita a bañarse entre paredes de hielo.
La Isla 25 de Mayo —también llamada Isla Rey Jorge— la más grande del archipiélago, donde se agrupa la mayor cantidad de bases científicas de diversas nacionalidades. La Isla Elefante, prácticamente cubierta de glaciares, y la Isla Media Luna, refugio de numerosas colonias de pingüinos, lobos marinos y gran cantidad de aves como los descomunales albatros. Los pingüinos de papua, barbijo y penacho amarillo, así como focas, lobos y elefantes marinos, descansan en las costas de la Isla Livingston.
Pisando el hielo
Contemplar el crucero trazando su camino entre enormes montañas de cristal es una imagen que impacta y moviliza. Al atravesar el Estrecho Gerlache, el Canal Neumayer y el Canal Lemaire, la atención en los icebergs es sustituida por la sorpresiva aparición de las ballenas azul, el animal más grande del planeta, que acompaña el movimiento del barco en busca de krill, un crustáceo de solo 3 cm apetecido por varias especies marinas como focas y pingüinos.
Pero todavía falta la mayor promesa, pisar el suelo de la Península Antártica. La emoción es incontenible para visitar el único rincón del planeta que permanece prácticamente virgen. Desde aquí la expedición se detiene en Bahía Paraíso, que como su nombre lo afirma, es uno de los paisajes más bellos y coloridos de la zona. Otros landings imperdibles son las Islas Melchior, Pleneau, Petermann y aún quedará más.
Ya de regreso el camino puede culminar en las márgenes chilenas, para admirar sus afamados fiordos y majestuosos lugares como Punta Arenas y el legendario Cabo de Hornos, punto de encuentro entre los océanos Pacífico y Atlántico. Los más audaces tienen la posibilidad de embarcarse en una ruta de semicircunnavegación, con Nueva Zelanda, en el continente de Oceanía, como última parada.
Un lugar distinto a todos.

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