Hotel George V: Arte y opulencia en París
Un soberbio tapiz flamenco del siglo XVlll de siete metros de longitud y que representa a dos sensuales diosas mitológicas preside el mostrador del conserje. Sus tonos rojos, azul y oro realzan la luminosidad del vestíbulo blanco bajo el enorme lustre de cristal y bronce que lo ilumina. Otros tapices flamencos, de Aubusson y de la Savonnerie adornan los diversos salones y el restaurante. Dialogan con los cortinajes plisados a la francesa, los muebles Luis XV y Luis XVI, las sillas de medallón doradas, los sillones franceses.
Regencia y las mesas inglesas Regency, el piano de cola del salón La Galerie y las chimeneas antiguas de los otros salones. Pero con todo este esplendor no es la belleza de los tapices ni la riqueza del mobiliario lo que llama la atención del huésped al entrar en el George V. Lo que inmediatamente sorprende y admira es la flamígera decoración floral. Grandes calas, enormes ramos de hortensias, de rosas, magnolias que desbordan en arriesgadas composiciones estéticas en grandes jarrones de vidrio. Decoración que cambia todas las semanas con las 9.000 flores que llegan desde Holanda.
Historia
Inaugurado en 1928, el hotel fue construido en el estilo Art Deco por un rico empresario norteamericano, Joel Hillmann, sobre unas antiguas canteras que habían alimentado la construcción del Arco del Triunfo y el Trocadero. Se le bautizó con el nombre de George V (Jorge V de Inglaterra) en razón de las buenas relaciones que en aquellos años tenían Francia, Gran Bretaña y EE.UU. Pronto el hotel se hizo muy popular- y así ha seguido- entre la clientela de ricos norteamericanos y artistas de Hollywood, pero también con la aristocracia de cuna y el dinero de Europa, el hotel disponía en los años 30’ de un servicio propio de avión con Londres, Berlín y Madrid.
La magnífica colección de mobiliario, tapices y cuadros se debe a su segundo propietario, el francés François Dupré, marido de la heredera de las máquinas de coser Singer. Adquirido por el príncipe saudí Al Waleed Bin Talal y puesto bajo la dirección del grupo Four Seasons, el hotel fue totalmente renovado entre 1997 y 1999. Amén de instalar toda la tecnología contemporánea, se redujo el número de habitaciones, de 320 a 245, para darles mayor amplitud, lo que las hace las mayores de todos los “palaces” parisinos.
Entre las 61 suites, las suites especiales, cuatro en total, responden a un estilo propio. La suite Empire, presidida por un busto de Napoleón, es de estilo Imperio y dispone de tres terrazas con vista a la torre Eiffel, los Inválidos y la Opera; La Françoise brillante y chic, es puro Luis XVI, mientras que la Anglaise, muy romántica es de estilo siglo XVIII.
Gastronomía en el George V
El restaurante Le Cinq es excepcional tanto por su decoración como por su cocina. Ayudado por un equipo de 70 cocineros, el chef Phillipe Legendre, no pretende ser original a cualquier precio. El sumiller, Eric Beaumard, guarda en su vieja bodega 70.000 botellas con 2.000 referencias distintas. Entre ellas, unos Mouton Rothschild de 1945. ¡36.000 euros la botella!
No falta un exquisito spa a tono con el hotel. Incluye una piscina rodeada de frescos al trampantojo de los jardines de Versalles y tratamientos de belleza inspirados en los rituales de María Antonieta, acompañados por música de época.