La gruta Chauvet: El origen del arte
Para mostrar al público este tesoro sin afectar las delicadas pinturas, se construyó una reproducción que supuestamente seria inaugurada este año. Sin embargo, la apertura se pospuso un lustro más al detectar filtraciones en el techo del lugar. Este tiempo se invertirá en encontrar un espacio capaz de contener las más de 420 figuras identificadas y en hacer los estudios de viabilidad.
El hombre que habitó esta gruta -ubicada en uno de los acantilados de las gargantas de Ardéche, en el sudeste de Francia- dejó en las paredes impresiones de sus manos y representaciones de 12 especies distintas de animales. La fuerza y sofisticación de estas pinturas, impresionantes tanto por las técnicas utilizadas para representar profundidad y movimiento, como por la excelente condición en que fueron halladas, colocan al sitio como un recinto de excepción del arte rupestre.
Una gruta “pura y virgen”
Así describen los especialistas el estado de la gruta, cuya entrada natural se cerró, aparentemente, de manera súbita. Esto favoreció la fosilización de huesos de animales, huellas y rastros humanos, como el carbón de piedra empleado para hacer los dibujos. De este modo, se garantizó una supervivencia relativa que provoca la sensación de que la gruta se encuentra tal como la dejaron sus últimos ocupantes.
El camino que siguieron los descubridores de la gruta fue protegido por pasarelas metálicas y actualmente es utilizado por quienes la visitan: no más de 20 personas a la semana, que entran con zapatos y trajes especiales para estudiar algún aspecto del sitio. Estas medidas son importantes para mantener el equilibrio biológico de las grutas, protegiéndolas de bacterias Y hongos que ponen en peligro un patrimonio milenario.
Nueva premisa en la evolución del arte
“El descubrimiento de Chauvet ha permitido superar la idea de un desarrollo Y un refinamiento progresivo del arte en el tiempo”, explica Dominique Baffier, conservadora de la gruta Chauvet Pont d’Arc. “Los hombres que hicieron esto tenían un gran talento, un dominio del gesto Y una complejidad de pensamiento comparables con los nuestros”.
Jean Clottes, responsable del estudio científico de la gruta, describe las técnicas utilizadas en la realización de las pinturas en el libro La Crotte Chauvet, l’Art des origines (Editorial Seuil), obra de referencia sobre el sitio: “La topografía detallada de la gruta permite percibir mejor la mane¬ra en que los hombres del paleolítico utilizaron las fisuras y accidentes de las paredes para dar profundidad y movimiento a su obra. A la luz vaci¬lante de las antorchas, las formas de animales parecen surgir de la roca, de las partes hendidas y de los relieves. Las imágenes no fueron hechas al azar”.
Las paredes en las que no hay pinturas son también muy importantes pues son índices reveladores de una cierta concepción del mundo subterráneo. “Nada obligaba a los artistas a dibujar animales saliendo de agujeros en la pared. Eso debió depender de numerosos parámetros: mitos transmitidos, ceremonias particulares, condiciones locales. Lo esencial es que se repita las suficientes veces como para que podamos descifrar su actitud en relación con la pared y a la caverna. Así podremos proponer un “marco explicativo” -no una “explicación”- de las pinturas y grabados”.
Los análisis han permitido saber que la gruta tuvo dos periodos principales de frecuentación humana: uno hace 32 mil y otro hace 26 mil años. Jean Clottes concluye que la mayoría de las figuras fueron realizadas por un pequeño grupo que compartió las mismas ideas -seguramente durante un breve periodo de tiempo- durante la primera frecuentación de la caverna, ya que las pruebas de carbono 14 no han revelado pinturas posteriores. Si sus sucesores crearon algunas obras, milenios más tarde, las diferencias son imperceptibles.
La experiencia espiritual
Los testimonios de quienes han visitado la gruta están impregnados de reflexiones en tono al principio generador y al sistema de creencias del hombre que hizo esas pinturas. En medio de sus cavilaciones, admiten que esta visita los ha transformado. Dominique Baffier, quien acompaña a los especialistas internacionales que estudian la gruta comenta: “El estado de conservación del sitio es tal, que se siente como si el hombre prehistórico hubiera estado ahí la víspera, lo cual resulta sumamente emotivo. Hay quienes lloran cuando llegan al panel de los caballos o al de los felinos; es una experiencia única que toca lo más profundo de la sensibilidad, exaltada por el esplendor natural de la gruta”.
Valérie Feruglio, diseñadora e ilustradora especializada en arte parietal (“arte de las paredes”), expresó: “Lo que más me gusta de mi trabajo es cuando me acerco a los artistas; cuando percibo su presencia a través de los trazos que dejaron; cuando aprecio el movimiento de sus utensilios y sus recursos para obtener un efecto artístico. Siento así su emoción creativa”.
Baffier resume en pocas palabras la fibra espiritual del arte de la Gruta Chauvet: “belleza y calidad que nos acercan a nuestros orígenes. Es un llamado al imaginario, a nuestras raíces, a la evolución de la vida humana”.