La Libertad del Viaje
Cada vez son menos los que se levantan con una sonrisa que ofrecer al mundo; una vez más la monotonía de la vida cotidiana, excepto para algunos dichosos que se encuentran de viaje. En estos casos el despertar es ansiado, pues la mente, el cuerpo, y el corazón laten con un deseo de conocer lugares y personas nuevas; y vivir nuevas experiencias.
El mundo es nuevamente una aventura desconocida, y por unos cortos momentos somos libres y olvidamos las obligaciones. Se trata de la libertad del viaje.
Es cierto que no es fácil darse el lujo de viajar siempre que uno lo desea, especialmente en un mundo de incertidumbre económica y responsabilidades. Sin embargo, en la lista de placeres de todas las personas, viajar debería encontrarse en la cima. Los humanos poseemos instintos natos que nos hacen temer nuevos territorios, lo desconocido, lo incierto, pero cuando sobrepasamos esa barrera nos espera un oasis de experiencias y aprendizaje. Descubrimos que nuestros viejos prejuicios estaban mal infundados: que la amistad y la empatía humana sobrepasan la barrera del idioma, religión y banalidades como el color de piel o heridas de la historia. Encontramos un amigo en el vecino. Por unos momentos somos libres; un niño dispuesto a aprender, a abrirse a nuevos amigos o enfrentarse a nuevas formas de pensar. Esto también nos enseña humildad y a entender lo que es ser una minoría que desconoce el idioma, mentalidades y costumbres de la mayoría. Nos purifica de la arrogancia de que sólo nuestro modo de pensar es el más perfecto. En otros casos planta una semilla, que se nutre de pensamientos y reflexiones que nos hacen llamar a personas de otras culturas que creíamos tan diferentes inentendibles y lejanas, hermanos. Despierta en nuestra mente el deseo de cambio, de enseñar y de aplicar las experiencias acumuladas a nuestra vida diaria, en nuestros países, con nuestra familia, con nuestros conocidos, con nosotros mismos. Hay muchas razones y modos para viajar, y conforme a la edad, las prioridades tienden a variar. Lamentablemente muchas veces tenemos que conformarnos con un libro, fotos o vídeos que nos describen ciudades y datos; pero percibir esos lugares tan maravillosos con los sentidos es algo que ningún libro puede darnos. Diversión, cultura, naturaleza… viajar ofrece algo para cada tipo de persona, desde el hombre joven que desea catar la mayor cantidad posible de alcoholes exóticos hasta el veterano historiador; desde el curioso artista buscando inspiración, hasta el filosofo o religioso buscando entender más el mundo o encontrar paz espiritual. Lamentablemente cuando el costo no es un problema, el tiempo parece serlo; cuando el tiempo no es el problema el costo parece serlo, pero: si hay algo cierto es que un viaje nos enseña una gran parte de nosotros mismos, y es algo que cada persona debería hacer por lo menos una vez en su vida. Tal vez a simple vista, sea difícil sacrificar ese coche nuevo, esos muebles o comidas en restaurantes y ahorrarlos para un viaje que dura tan sólo unas cuantas semanas; o no usar esa semana libre para terminar el trabajo pendiente que nos tiene tan asfixiados. Sin embargo, es indudable que la siguiente vez que contemplemos ese sillón que no compramos , ese nuevo equipo de sonido o pantalla plana enfrente de un aparador o que nos encontremos en el trabajo u oficina bajo un estricto itinerario que no parece prometer mucho tiempo libre y recordemos nuestros viajes, estaremos convencidos totalmente que valió la pena. Y con ansias esperaremos la siguiente oportunidad de ser libres, de experimentar la libertad del viaje y nos preguntaremos qué sería necesario para vivir cada día como una nueva aventura.