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La Quebrada de Humahuaca

Escrito por de 28 de abril de 2009 con 0 Comentarios

Puerta de entrada de la Puna, surcada a ambos lados por cadenas montañosas, los colores se derraman generosos bajo el sol cálido de la región. Declarada Patrimonio de la Humanidad, la Quebrada de Humahuaca transpira una energía especial donde se mezclan las raíces y la historia de los pueblos precolombinos.

Historia desde el nombre

La palabra Humahuaca deriva del quechua “huma” que significa cabeza y “huaka” que quiere decir tesoro, se cree que antiguamente era un sitio de entierro de miembros prominentes de las tribus lugareñas.

Las ruinas y restos de culturas prehispánicas datan de hace más de 10.000 años atrás. Dado a la riqueza de estos restos, una de las tendencias de los últimos años es la realización de ecotours consistentes en no sólo en visitas turísticas con la finalidad de apreciar estos tesoros de la historia universal, sino lograr que el turista se involucre con la región y con los pueblos habitantes del lugar. De esta forma, se logra romper el aislamiento de estas personas, ayudar con el desarrollo sustentable del área y redirigir los esfuerzos turísticos, a veces mal encauzados por el afán comercial desmedido. De esta forma, la población local pasa a ser beneficiario directo del turismo, logrando revalorizar y revitalizar esta riquísima cultura.

Uno de estos restos mejor conservados es el de Pucará, una antigua ciudadela omaguaca que contenía viviendas, corrales para las llamas, un templo y sepulcros. Tras la reconstrucción histórica de este sitio, el visitante puede darse una idea bastante acabada de cómo se vivía en la América anterior a la colonización.

El corazón del carnaval

La ciudad de Humahuaca, cabecera del departamento, es la casa del carnaval. Este tradicional festejo tiene sus raíces en creencias paganas precolombinas, pero a lo largo de la historia de la colonización, se han incorporado elementos cristianos. Esta celebración ocupa un lugar fundamental en la vida cultural de los habitantes de la zona. La celebración dura ocho días, durante los cuales se realizan festejos con máscaras rituales y se honra a la madre Tierra. En el carnaval tradicional, los pobladores se visten con los típicos trajes coyas, y entonan sus instrumentos autóctonos, como cajas, erkenchos (una especie de clarinete formado por un cuerno vacuno) y cornetas.

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