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La Rioja: el secreto de la cordillera 2/2

Escrito por de 13 de febrero de 2009 con 0 Comentarios

La cordillera, omnipresente, desgrana su belleza sobre el suelo cuyano. No obstante, lo que nos espera ahora está en las alturas: el cóndor. A 200 kilómetros al sur de la capital riojana se encuentra la Reserva natural Quebrada de los Cóndores, que ocupa el área de la Sierra de los Quinteros, un paraje dominado por rocas de granito y caídas de agua que rasgan el silencio. La Reserva protege a unos 150 cóndores, especia que se encuentra en peligro de extinción. Para apreciarlos, el punto de partida es un puesto rural de la zona. Desde aquí hay que elegir el caballo o la caminata.

Atravesando las tierras sureñas de la provincia, a naturaleza abre su paso y permite conocer la Ruta de los Caudillos, un sendero histórico en el cual el viajero podrá interiorizarse sobre la vida de los caudillos federales que, desde los llanos, fueron protagonistas políticos en el siglo XIX, El recorrido nos lleva por pequeños poblados y rancheríos de calles angostas que continúan, a través de oficio del artesano, con algunas tradiciones coloniales. Pero eso no es todo, porque el sur también permite conocer cementerios aborígenes, antiguas iglesias, estancias, extrañas formaciones rocosas y espejos de agua donde es posible pescar pejerreyes.

El color del Olivio y el oro

“Verde viento. Verdes ramas”, escribió Federico García Lorca, y verdes ramas cargadas de aceitunas cantan los olivos a la vera de las Sierras del Velasco, al norte de la capital riojana. En el tramo que va desde este punto hasta Aimogasta, en el departamento Arauco, se extiende la Ruta del Olivo, un circuito que nace del vientre fértil de la provincia y que zigzaguea por pequeños poblados y plantaciones geométricas. En esta zona se encuentran las principales industrias oliveras del país y se distingue por cultivar una variedad única de aceitunas que se da gracias a las singulares condiciones climáticas de la región, Arauco.

Los principales plantines llegaron al país hacia mediados del siglo XVI y pronto empezaron a producir frutos de alta calidad. Se dice que, enterado de esto, el Rey Carlos III de España mandó a que se talaran todos los cultivos de la colonia debido a la competencia que los mismos significaban para las plantaciones de Sevilla. Cuenta la historia que uno de los árboles fue salvado y que todavía existe en Aimogasta, es el conocido como “olivo cuatricentenrario”, sin dudas el principal atractivo del recorrido.

Así como el cultivo del olivo es una de las principales producciones de la provincia en la actualidad, en tiempos pasados el área comprendida entre los pueblos de Chilecito y Famatina supo ser el corazón económico de La Rioja gracias a sus yacimientos de oro, principalmente los de las minas La Mexicana y El Oro. La compañía inglesa que explotaba la zona, debido a la cantidad de metal que extraía, se vio obligada a construir un singular sistema de acarreo: el cablecarril. El mismo funcionó entre 1904 y 1929 a lo largo de 35 kilómetros por las alturas de los cerros. Actualmente se puede hacer el recorrido, y adentrarse en la historia de la explotación minera, combinando 4×4 y trekking entre medio de los cerros coloridos.

El clásico de piedra

Finalmente, nos encontramos con el Parque Nacional Talampaya, que no necesita presentación. Sus 215.000 hectáreas enclavadas en el centro sur de la provincia, en el departamento Gral. Lavalle, albergan el testimonio arqueológico de las culturas precolombinas que habitaron la zona. A la onírica belleza de las rocas, que impacta en la imaginación de la forma de miles de figuras fantásticas, se suma el legado de los petroglifos. Estos grabados en la roca dan cuenta de figuras geométricas, animales, raras figuras humanas de seis dedos y extraños seres alados que algunas teorías audaces vinculan con extraterrestres. Junto con restos de cerámicas y otros utensilios hallados en el lugar, pudo calcularse que allí hubo asentamientos humanos entre los años 120 y 1180 de nuestra era.

El Cañón de Talampaya –declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO- es el cauce seco de un viejo río homónimo. En él se encontraron restos de los primeros dinosaurios que habitaron la Tierra, hace 250 millones de años, en el inicio del período triásico. Un recorrido maravilloso que nos adentrará en la insinuante cordillera y nos presentará a la naturaleza en su esplendor.

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