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Destinos > África

Lanzarote, una isla viva

Escrito por Javi / 19 de Enero de 2010

Lanzarote es un pequeño paraíso natural en el extremo nororiental del archipiélago canario. La isla que surgió del fuego ofrece al visitante una cantidad asombrosa de lugares que no pueden encontrarse en ningún otro rincón del planeta. Sus playas, paisajes y rincones naturales la hacen merecedora del título de Reserva de la Biosfera.

Camellos a la entrada del Parque Nacional de Timanfaya

Camellos a la entrada del Parque Nacional de Timanfaya

Hablar de Lanzarote es hablar de César Manrique. El genial arquitecto conejero no sólo diseñó algunos de los monumentos más importantes de la isla; además, con su mentalidad visionaria supo trazar las líneas maestras del modelo turístico sostenible de su tierra. Por eso, la casa-museo del artista en Haría es parada obligatoria. La originalidad de sus formas y su color blanco con grandes ventanas se confunden perfectamente con el paisaje endémico de Lanzarote.

Suyas son algunas de las obras más representativas de la isla, como el Mirador del Río, desde donde los días claros (casi todos) puede verse La Graciosa, el único islote habitado del archipiélago Chinijo y que actualmente cuenta con poco más de 600 habitantes. Vale la pena tomar un ferry y acercarse a ver este rincón, que lamentablemente ha dejado atrás su particular forma de ser protagonizada por la pesca.

Donde la tierra habla

Pocos lugares hay en el planeta con tantos sitios únicos concentrados en una superficie tan pequeña (846 kilómetros cuadrados). Los Jameos del Agua y la Cueva de los Verdes dan una pista del pasado volcánico de la isla. Son burbujas subterráneas formadas cuando la lava volcánica se enfrió y se llenaron de agua del mar. En ellas vive una especie de cangrejo endémico de Lanzarote, de color blanco y ciego.

El Parque Nacional de Timanfaya es un inmenso paraje donde las erupciones volcánicas consiguieron detener el tiempo. Allá por 1730, la explosión de una caldera al oeste de la isla dejó un reguero de rocas afiladas y desolación que hoy hacen las delicias de los turistas. Lo malo es que no se puede recorrer el Parque a nuestro antojo, pues sólo se puede ver desde un autobús que impide el deterioro de la zona. El recorrido termina con la muestra de que en el subsuelo de Lanzarote algo sigue vivo, pues se observa cómo el calor que desprenden los agujeros del suelo hace que el agua previamente arrojada por un guía emerja a modo de géiser (el Asador también aprovecha este calor natural).

Playas paradisíacas

Pero no sólo de visitas vive el viajero… y menos si nos encontramos en una isla con un clima tan afortunado como el de Lanzarote. Existen playas y caletas que son auténticos paraísos y sólo es cuestión de movernos (con un coche de alquiler preferiblemente) para encontrar los mejores rincones para la tranquilidad.

Las más famosas son Famara y El Papagayo. Famara es una playa larguísima con dunas y mucho viento. Ideal para amantes del windsurf, pero puede ser algo molesta para el común de los bañistas. El Papagayo es otra gran playa, pero el hecho de que haya que pagar por acceder puede levantar falsas expectativas en el visitante: hay playas tan agradables o más y de acceso libre.

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1 Comentario

  1. Vanessa

    6 Feb 2010

    Lanzarote es un lugar único, el paisaje cautiva a los que lo visitan. Yo no soy canaria pero vivo en Lanzarote desde hace cuatro años y si realmente la visitas descubriendo el paisaje, te quedas asombrado. El paisaje, semejante al lunar para mí, te “engancha”. Caminar por la lava es una experiencia fantástica y al vivir aquí he podido descubrir rincones que de turista no vería.

    Un saludo, Vanessa

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