Las enfermedades del peregrino
Son muchas las dificultades que salen al paso de los viandantes, por lo que, hay que estar atentos a cualquier pisada, ya que un descuido puede ser fatal en la consecución del objetivo marcado.
Lo más común: las ampollas
Una de esas dificultades son, sin lugar a dudas, las temidas ampollas. Las largas caminatas, el calor y el roce de las botas, provocan que la piel de los pies sufra la aparición de estas incómodas afecciones.
Siempre hay que llevar un botiquín de emergencia que contenga algo de yodo, parches que curan las ampollas y unas pequeñas gasas.
Es recomendable untarse los pies con vaselina o crema hidratante cada mañana antes de comenzar cada ruta. Refrescarlos en cualquier fuente y usar calcetines de lana también ayudarán a evitar la aparición de las ampollas.
Otro problema que afecta a los peregrinos durante el Camino de Santiago son las inflamaciones. No hay que olvidar que el esfuerzo físico que se realiza es muy importante por lo que las sobrecargas musculares están a la orden del día.
Atención a los insectos
Para evitar estas posibles lesiones hay que comenzar el Camino unos meses antes. Entrenando todos los días y andando progresivamente ayudará a que los músculos del cuerpo se acostumbren al esfuerzo que conlleva el duro trayecto.
Otro inconveniente, que puede llegar a ser peligroso si no se controla, son las quemaduras. El peregrino está todo el día expuesto al sol, y más si realiza el viaje en lo meses de verano.
Una protección solar adecuada puede ser suficiente. La zona de la nuca y los brazos son las más propensas a las molestas quemaduras, por lo que hay que vigilarlas en mayor medida.
Por último, nadie está exento de librarse de alguna picadura. Las avispas, abejas, mosquitos e incluso pulgas abundan en el Camino. Con una simple pomada o un ahuyentador de estos molestos insectos será suficiente.

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[...] riada de peregrinos es constante (no me imagino cómo será esto en pleno verano) y coincides con compañeros de [...]