Las fortalezas mexicanas
En aquellos días de mediados del siglo xvi al siglo xix, piratas ingleses, holandeses y franceses incursionaban en las costas de Campeche y Veracruz como una plaga de mosquitos sedientos de sangre. El puerto más codiciado por los piratas fue el de Veracruz, fuertemente protegido por una gigantesca fortaleza flotante construida por los primeros conquistadores españoles.
San Juan de Ulúa
En Veracruz se recolectó, empacó y embarcó más plata y oro que en cualquier otro lugar del mundo. Los españoles sabían que necesitaban una fortaleza capaz de hacer frente a la embestida de los piratas y construyeron San Juan de Ulúa —uno de los siete fuertes erigidos entre los siglos xvi y XVH— para proteger la rica ciudad, une de las más prósperas de la Nueva España.
Este fuerte, cuya edificación llevó cerca de 50 años, es hoy uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad. Se asienta en una isla cerca de la costa de Veracruz; un puente peatonal lo comunica con tierra firme. San Juan de Ulúa tiene una historia increíble, pues además de haber sido punto de almacenaje y embarque de incontables toneladas de oro y plata que viajarían al Viejo Mundo, un tiempo funcionó incluso como sede de la Corona de la Nueva España.
Navios piratas, pero también las fuerzas navales de Inglaterra, Francia, México y Estados Unidos, lo han atacado y sitiado; ha sido sede provisional de Poder Ejecutivo; ha albergado esclavos, prisioneros de guerra mexicano-estadounidenses y soldados.
Baluartes
El acoso de los piratas a Campeche, puerto vecino de Veracruz, no se quedó atrás. De hecho, hasta el día de hoy los fantasmas de corsarios como Henry Morgan, Barbanegra y el legendario sir Francis Drake parecen vagar por el área del puerto y las calles aledañas.
Como en Veracruz, los españoles se dieron a la tarea de construir fortalezas impenetrables para repeler a los insaciables piratas. Una de las primeras que se construyeron fue el Baluarte de San Carlos, nombrado en honor de Carlos II, rey de España. Con sólo 12 cañones, el fuerte le hizo frente a los enemigos que en 1766 se aproximaban a la parte más vulnerable de la ciudad.
En el Baluarte de San Carlos aún se conservan las habitaciones de los guardias y la prisión así como la bodega de provisiones. Esta construcción centenaria es sede del Museo de la Ciudad, donde los visitantes pueden aprender acerca del papel que tuvieron las fortificaciones en la historia de Campeche. Asimismo, ahí se encuentra en exhibición la Llave de la Ciudad, importante símbolo de Campeche.
También está el Baluarte Santiago, reconstruido para albergar un pequeño jardín botánico que contiene más de 200 especies de plantas. A finales del siglo XVIII, Campeche era una ciudad amurallada. Estaba protegida, además, por un sistema de defensa exterior, lo cual hacía de ella una de las ciudades mejor defendidas del mundo.
Uno de sus fuertes exteriores, llamado San Miguel, es ahora el Museo Regional de Campeche, donde se exhiben piezas prehispánicas y coloniales. El segundo fuerte que integraba el sistema de defensa exterior era el de San José El Alto, construido en 1762 para proteger a Campeche de la fuerza naval más poderosa de aquel entonces, la de Gran Bretaña. Hoy, el fuerte alberga una concurrida exhibición de barcos y armas.
Fuerte de San Diego
Por supuesto, la costa del Golfo de México no fue la única que padeció los asaltos de los piratas. Uno de los botines más codiciados era el Galeón de Manila, que llegaba a Acapulco, en la costa del Pacífico mexicano, cargado de tesoros provenientes de Asia. Para proteger ese puerto, los españoles construyeron el Fuerte de San Diego, en forma de estrella, sobre una colina en el viejo Acapulco.
El 14 de abril de 1579, el rey español Felipe II designó a Acapulco como el único puerto comercial entre la Nueva España y Asia. El puerto estaba pensado para recibir y despachar galeones de Manila, así como barcos procedentes de Perú, Chile y Centroamérica.
A lomo de mula se transportaba seda, especias y otros productos exóticos desde Acapulco hasta la ciudad de México y de ahí a Veracruz para embarcarlos rumbo a España. Mientras, los galeones anclados en la bahía de Acapulco volvían a llenar sus calas con plata y otros productos arrancados de la tierra mexicana.
El Fuerte de San Diego hizo bien su labor y nunca fue tomado por piratas. Sin embargo, cayó ante las fuerzas insurgentes en 1813, durante la guerra de Independencia de México, luego de un sitio que duró varios meses. El rey Fernando II lo cerró oficialmente en 1816. Actualmente es sede del Museo de Historia de Acapulco.
Hoy, los poblados y ciudades fortificados de México ya no repelen visitantes indeseables como los feroces piratas. Ahora los fuertes están abiertos y dan la bienvenida a visitantes de todas partes del mundo para hablarles de la riqueza de México y de su memorable pasado.