El Día de los Muertos: ¡México vive!

Foto de mexicocity.gob.mx
Para los pueblos amerindios que vivían en México antes de la llegada del hombre blanco, la muerte era considerada un pasaje a una nueva vida. Es por ello que a los difuntos se los enterraba con sus objetos personales, los cuales necesitarían en el Más Allá. En ocasiones incluso sus mascotas eran sacrificadas para que acompañaran a los amos en su larga jornada final.
Desde la época precolombina, El Día de los Muertos se viene celebrando en México y en algunos países centroamericanos. Existen registros de celebraciones por lo menos desde hace tres milenios. Es un día muy especial, en el que se rememora a los parientes fallecidos. Para quienes no están familiarizados con la tradición, la idea que pueden tener del Día de los Muertos como algo triste o aterrador es algo muy alejado de la realidad. Se trata de un bellísimo ritual de alegría y felicidad para los mexicanos. Las festividades son presididas por la figura mítica de Mictecacihuatl, en náhuatl “Señora de la muerte”, también conocida como “La Catrina”.
Algunos elementos de este festejo
Los festejos del Día de los Muertos tienen lugar el 1 y el 2 de noviembre. El primer día está dedicado a los infantes fallecidos (“angelitos”) y el segundo día a los adultos. Las tiendas comienzan a prepararse para esta celebración desde mediados de octubre. Si bien cada región del país añade sus elementos tradicionales, como el vestuario, en todos lados la fiesta es calurosa, colorida y alegre. Se consumen alimentos especiales, tales como calaveras de dulce con el nombre del difunto escrito en ellas o pan de muerto, un panecillo dulce adornado con figuras en forma de hueso y espolvoreado con azúcar.
Las familias limpian y decoran las tumbas de sus antepasados con vistosas coronas de flores, en especial las Cempaxóchitl, de las que se piensa que guían y atraen a las almas de los muertos. Cuando no se puede visitar la tumba del ser querido, de todas maneras se le hacen ofrendas (comida, pan de muerto, mezcal, tequila, cigarros) en un altar de la casa junto a sus retratos.
Una fiesta a preservar
La UNESCO ha declarado esta festividad como Patrimonio de la Humanidad. Con esto se busca preservar la tradición, ya que debido a la globalización y a la influencia de los Estados Unidos, los más jóvenes han dejado de lado algunos elementos típicos del festejo para adoptar el de la Noche de Brujas. Por fortuna, muchos mexicanos insisten en conservar esta tradición tan propia y de la cual tienen tantos motivos para mostrarla con orgullo al mundo.