Miedo a volar
Muchas personas que disfrutarían de visitar destinos exóticos en todo el mundo no pueden hacerlo debido a que tienen un impedimento: el miedo a volar, también conocido como aerofobia. No se trata de la leve sensación de inquietud que la gran mayoría de los pasajeros experimentamos en el momento de despegue o de aterrizaje de los aviones (de hecho, se calcula que sólo el 5% de las personas no experimentan ningún tipo de temor al abordar un avión) sino que es una condición tan severa que impide planear siquiera un viaje de este tipo. O bien, si finalmente se decide hacerlo, el pasajero en cuestión experimenta ansiedad incluso meses antes del día del vuelo.
¿Cuál es el origen del miedo?
Estas personas temen viajar en avión debido a las perspectivas de que se estrelle, o que ocurra algo malo durante el vuelo. Sin embargo, es más probable morir atropellado por un automóvil, y no por eso dejamos de cruzar la calle. Miles de aviones surcan los cielos de todo el mundo día tras día, llevando a millones de pasajeros a salvo a sus destinos.
Más allá de lo mucho que afecta a esta fobia a aquellas personas que por negocios, o para visitar a familiares, deben viajar con frecuencia, lo cierto es que también perjudica la calidad del tiempo libre de quienes la padecen. El avión es hoy uno de los medios de transporte más seguros y cómodos, se ha vuelto económicamente accesible –y si no, siempre se puede recurrir a la tarjeta de crédito o a juntar millas y obtener descuentos como viajero frecuente-. En pocas horas puede acercarnos a cualquier lugar del mundo, y después traernos de vuelta a casa. Pensemos que hasta hace pocos años, ir de Europa a América era una suerte de odisea que muchos no repetían. Es por eso importante aprender a superar esta fobia y poder disfrutar de todas las ventajas que ofrece este medio de transporte.
¿Todos los pacientes tienen el mismo temor?
No, ya que existen distintos grados de aerofobia. Es normal presentar cierta inquietud ante la perspectiva del viaje, pero ésta normalmente se aquieta luego del despegue. Hay otro grupo de personas que, si bien nunca llegan a sentirse a gusto, son capaces de realizar los viajes con alguna ayuda, ya sea la de estar acompañados o bien ingiriendo ansiolíticos antes de abordar. Finalmente, un caso extremo es cuando a una persona la fobia le impide realizar este tipo de viajes, llegando entonces a afectar su calidad de vida.
¿A qué se debe esta fobia?
El miedo a volar puede estar relacionado directamente con haber escuchado noticias recientes sobre accidentes aéreos, en cuyo caso el miedo es transitorio. Es posible que vaya disminuyendo con el tiempo, y la persona pueda volver a viajar. Pero cuando el temor es inmotivado, puede tratarse de una fobia específica –aquella que padece una persona por lo demás normal, sin más trastornos de ansiedad-. También tienen miedo a volar aquellas personas que padecen de claustrofobia (el miedo al encierro), debido a la ansiedad que les provoca verse confinadas a los espacios reducidos del avión.
¿Cómo superar el miedo a volar?
Afortunadamente, las personas que padecen de aerofobia cuentan con muchos recursos que les permitirán, con paciencia y perseverancia, dejar atrás estos temores. Uno de los primeros consejos que se les da es conocer el funcionamiento del avión, para así comprender los distintos ruidos que en él se producen, sobre todo en el momento del despegue. También existen terapias y tratamientos que ayudan a las personas a ir superando gradualmente su miedo. En el caso de la fobia a volar en particular, es de las que mejores resultados arroja. De hecho, muchas personas al dejar atrás la fobia son incluso capaces de disfrutar de la sensación de volar en avión, tomándole el gusto a lo que antes tanto rechazo les provocaba.
Así que si tu caso es éste, no lo dudes: existen personas que pueden ayudarte a superar tu miedo a volar. De esta manera, estarás preparado para disfrutar de los viajes a cualquier parte, en cualquier momento. ¡No te los pierdas!

CATÁSTROFES AÉREAS Y SU REPERCUSIÓN EN PERSONAS CON MIEDO A VOLAR.
Todo accidente aéreo con pérdidas totales de vidas sensibiliza a todo el mundo. Muchísimo más a aquellas personas temerosas de volar.
Le atribuyen a Picasso la siguiente expresión: “No le tengo miedo a la muerte. Le tengo miedo al avión.” De lo cual se desprende, que quienes tienen miedo a volar, desplazan sus diferentes temores inconscientes al avión.
Después de aquel fatídico 11 de Septiembre del 2001, todos mirábamos con cierto recelo a los aviones. Se cerraron aeropuertos, se reforzaron al máximo las medidas y controles de seguridad, pero la gente en general trataba de postergar sus vuelos dentro de las posibilidades de poder hacerlo. Nadie volaba por placer en aquellos momentos, sólo lo hacían aquellos que por fuerza mayor, trabajo, obligaciones sociales, compromisos oficiales, etc. debían subirse a un avión.
Debido al accidente del vuelo AF 447 ocurrido el 1º de Junio del 2009 despegado de Río de Janeiro con rumbo a Paris, he recibido llamados y mails de mis pacientes preguntándome si un rayo podía derribar un avión. Yo no estoy en condiciones de saber de dónde salió esa información, pero sí puedo contestar con seguridad que ningún rayo hace caer un avión. La cabina de la aeronave funciona como una gran jaula de Faraday, es decir, crea exteriormente un campo electromagnético que rechaza y descarga a tierra toda actividad eléctrica como puede ser un rayo.
Yo sería un necio y estaría totalmente alejado de la realidad si no planteara la posibilidad de una emergencia, un incidente o un accidente. Que de hecho existen. En una mínima proporción si los comparamos con los ocurridos en los automóviles.
No trato de restarle importancia al tema, sino ubicarlo dentro de los parámetros probabilísticos, sabiendo que las posibilidades de un accidente aéreo son mínimas. Lo que ocurre, es que una catástrofe aérea, siempre encierra una luctuosa espectacularidad por el número de víctimas que ocasiona.
De ninguna manera mis opiniones, como lo digo en mi libro Vuele Sin Temor, intentan ser un himno irresponsable a la alegría y subestimar el dolor de los que han perdido a un ser querido o los que sobrevivieron a la dura experiencia de un accidente aéreo. Todo lo contrario, sólo que si ello es real, también posee una potente dimensión de verdad las incontrovertibles cifras de los innumerables aviones que despegan y aterrizan diariamente en el mundo, sin la menor novedad. Esto no es noticia ni vendible ni comprable.
La difusión de información frente a una catástrofe aérea, por casi la mayoría de los medios, se torna, en mi opinión, exageradamente reiterativa y además, en muchos casos se basan en hipótesis y comentarios poco fiables. Las hipótesis son sólo eso, hipótesis que necesariamente deben ser demostradas. Esta situación colabora en llevar más preocupación a quienes padecen de miedo a volar.
Mi propuesta es informar, orientar, tranquilizar sin omitir aquello que podría no ser tan bueno, como por ejemplo las turbulencias, las emergencias, los incidentes y los accidentes, pero en su justa dimensión y con la prudencia de la confirmación de los hechos, tratando de evitar una difusión apresurada y errónea.
Dicho sea de paso, es conveniente aclarar, que un porcentaje de los pasajeros que han sufrido un incidente, como por ejemplo un despiste o una despresurización de la cabina, suelen permanecer particularmente sensibilizados durante un período de tiempo, padeciendo de un miedo post-traumático. Esto de ninguna manera significa una fobia y no siempre requiere de tratamiento.
Lo ocurrido el 11 de Septiembre de 2001 es un ejemplo del bombardeo mediático de información, las imágenes televisivas eran contundentes en sí mismas. Se repetían las secuencias de los impactos desde distintos ángulos, con diferentes técnicas que reproducían las mismas en forma normal, lenta o detenida, una y otra vez.
Este espectáculo dantesco fue visto por todo el mundo, generando un sin fin de sensaciones aterrorizantes, que iban de la perplejidad al pánico y de la incertidumbre a la angustia más profunda.
Retomando el tema del reciente accidente del vuelo de Air France 447, puedo decir que, en general las tormentas no representan riesgo alguno para la seguridad del vuelo. Me refiero a aquellas que pueden ser atravesadas sin dificultad dentro del nivel de agresividad de las mismas, situación detectada con exactitud por los radares meteorológicos de las aeronaves, además de todos los datos sobre la meteorología del trayecto a volar suministrados a los pilotos en tierra antes de subir al avión. Podrá haber mayor o menor turbulencia o actividad eléctrica, pero las aeronaves están preparadas para estas situaciones. Si bien es cierto que dentro de las denominadas nubes Cúmulos Nimbus suelen existir vientos desde hasta 200 km. por hora, que generan corrientes ascendentes y descendentes que podrían destrozar el avión, ningún piloto se atrevería a meterse en ellas, el desvío de la trayectoria del vuelo para evitarlas es el procedimiento de rutina. En las personas con miedo a volar, las más mínimas turbulencias hacen recrudecer sus temores, generadores de mucha ansiedad y angustia. Obviamente una catástrofe como la ocurrida con el vuelo AF 447, genera un alerta en todo el mundo, más aún teniendo en cuenta los interrogantes en cuanto a los motivos que dieron lugar a este accidente en particular. Si a esto le sumamos, lo ya comentado anteriormente sobre la difusión de información apresurada y débilmente fundamentada e imprecisa, se logra aumentar la incertidumbre del pasajero temeroso a volar.
Poco sabremos con certeza antes de encontrar y decodificar las cajas negras del Airbus 330 siniestrado. Es muy importante saber qué pasó, para que los familiares de las víctimas puedan aliviar la dolorosa pérdida y elaborar el duelo de la forma menos traumática posible.
Dedico muchas sesiones de terapia aclarando a los pacientes con miedo a volar, sobre las medidas de seguridad internacionales que se aplican a la aeronavegación comercial y toda la tecnología aplicada, tanto en la fabricación de los aviones, como en los sistemas de control terrestre, para que cada día, los vuelos sean aún más seguros y confiables. Si bien esto no es suficiente para calmar sus temores, el saber algunas cosas que para el común de la gente pueden ser “misteriosas”, por ejemplo que un aparato de más de 200 toneladas pueda sostenerse en el aire, desarrollar velocidades de 900 km. por hora y alcanzar alturas de 12.000 metros, sirven porque es una tarea tendiente a informar y desmitificar tal aparato y atenuar las fantasías fatalistas de los pacientes, mejorando su confort psíquico a bordo.
Dr. Víctor F. Bertoli
Médico psiquiatra.
Médico Examinador de Personal Aeronavegante
Piloto Privado de Avión
Autor del libro: “Vuele Sin Temor”
http://www.vuelesintemor.com.ar.