Moscú ayer y hoy 1/2
En el siglo XX, Moscú fue una de las ciudades más atractivas del mundo. Enigmática y compleja, fue el escenario de los acontecimientos que tenían en vilo a un mundo polarizado. En los años ´90 y con la caída del comunismo, millones de viajeros pudieron conocer la capital rusa gracias a los bajos costos de la época. Casi 20 años después el panorama de la ciudad cambió bastante: una economía en expansión y la aparición de una clase alta que acumula millones gracias a negocios vinculados principalmente con el petróleo, ubicaron a Moscú entre las ciudades más caras del mundo.
Así, su atractivo se multiplicó: a los encantos de esta ciudad donde están presentes las huellas del paso de los zares, el comunismo y la apertura al capitalismo se suman los símbolos más elevados del lujo y la alta gama. Conocer a fondo la capital más grande del mundo no es una tarea sencilla, pero es imposible resistirse a sus símbolos emblemáticos.
Los meses ideales para viajar son mayo, junio, septiembre y octubre. En invierno, el termómetro desciende a las 50º bajo cero y en primavera, la nieve se derrite y llena las calles del barro. El idioma puede ser una barrera aunque ahora los más jóvenes hablar inglés. De todos formas, conviene contratar guías que hablen en castellano para hacer visitas puntuales o armar recorridos.
Un viaje en el tiempo
El lugar ideal para iniciar el recorrido por la capital rusa es la Plaza Roja, uno de los escenarios fundamentales de la historia del siglo XX donde vale la pena quedarse un buen rato para sentir el clima del lugar. Allí se encuentra el mausoleo de Vladimir I. Lenin, que tiene un cupo de visitas limitadas por día. También se encuentran las tumbas de Joseph Stalin, Yuri Gagarin, el primer hombre que llegó al espacio; del periodista estadounidense John Redd, autor de Los diez días que conmovieron al mundo, y del escritor Máximo Gorki.
Desde allí se puede ir a la Catedral de San Basilio, famosa por sus cúpulas de colores que son la postal más conocida de Moscú. En su interior se pueden apreciar unos impresionantes frescos gregorianos. Luego, atravesando los jardines de Alexandre se llega al Kremlin, sede del gobierno ruso. El paseo puede continuar con una visita a la reforma Catedral de Nuestra Señora de Kazán, construida en 1636 por la familia imperial rusa y destruida por Stalin. Muy cerca está la Catedral de la Asunción (donde iba Natasha Rostova, una de las protagonistas de La Guerra y la Paz de León Tolstoi). También están las iglesias del Arcángel y la Resurrección. Vale la pena volver a hacer el recorrido de noche para apreciar el efecto mágico que le dan las luces a esta zona.
La calle Varvarka fue escenario de grandes eventos de la historia rusa. Con aires medievales, alberga bonitas iglesias de cúpulas doradas, como el pequeño templo blanco de San Maksin el Confesor. También allí, estaba el viejo hotel Russia, donde el arquitecto Norman Foster construye un megacomplejo de hotel y tiendas.
Arquitectura rusa
También vale la pena recorrer algunas de las construcciones del período socialista para contemplar su monumental arquitectura. Tanto el Kremlin como su Museo Armory merecen una larga recorrida. En este último asombran las riquezas de las épocas de los zares: tronos de oro y plata, huevos de Fabergé, cruces y portabiblias con perlas y rubíes del tamaño de pelotas de golf, carruajes y trajes de zares y emperadores. Al atravesar las viejas murallas que rodean el Kremlin se puede tener una idea de cómo vivían la realeza antes de la revolución bolchevique de 1917.
Otra de las atracciones de la zona es el GUM, un centro comercial de la era soviética que ahora se ha convertido en un lujoso shopping con un café al aire libre desde donde se puede admirar una vista fabulosa de la Plaza Roja. Para disfrutar de platos típicos e internacionales, un lugar recomendable es el restaurant Krasnaya Ploschad, en el último piso del Museo Histórico Estatal.