Orientación perfecta
Algunas especies, particularmente las migratorias, poseen un instrumento natural que les permite orientarse por instinto. Nosotros, desde luego, carecemos de esas herramientas; solamente contamos con nuestro propio ingenio que, hay que decirlo, ha sido capaz de hacernos sentir que la tierra es solamente un poco más grande que el patio de nuestra casa. Desde que algunas culturas encontraron útil recorrer grandes distancias, se comenzaron a emplear mecanismos de navegación; como era de esperarse, cada uno de ellos tiene ventajas y desventajas.
El cielo:
Las estrellas ofrecen una referencia constante para el navegante; basta medir la altura sobre el horizonte de alguna estrella clave -como la Polar- para conocer la latitud (la distancia a la que estamos del ecuador o de los polos), y basta comparar la posición actual de una estrella particular -por ejemplo Sirio- con la que debe tener en este momento en el puerto del cual partimos, para calcular la longitud (el otro dato que necesitamos para ubicarnos con precisión sobre la tierra). El problema es que estos sistemas de navegación solamente funcionan cuando el cielo está despejado… y uno tiene un reloj bastante exacto.
Magnetismo:
A diferencia de las estrellas, la brújula funciona muy bien incluso en medio de la peor tormenta, pero tiene otras desventajas. Para comenzar, el norte magnético no coincide con el geográfico, y no es fácil hacer las correcciones necesarias si no sabemos sobre qué punto del planeta nos encontramos, algo que le ocurre a cualquiera que navega por territorios desconocidos o poco explorados. Por otra parte, algunas estructuras naturales, como las cadenas montañosas ricas en hierro, y algunos objetos hechos por el hombre, como ciertas piezas de metal empleadas en es mástiles de algunos barcos antiguos, pueden producir una distorsión en la dirección de la brújula que engaña fácilmente al marino más experimentado.
Ubicación por sabor:
Muchos seres vivos que viajan grandes distancias, como las palomas mensajeras Y las tortugas, usan alguno de los sistemas que acabamos de mencionar, pero hay otros más curiosos. Por ejemplo, es salmones conocen el sabor del agua del rio en el que nacieron, y buscan ese sabor cuando se encuentran cerca de la playa en su camino para desovar. Cuando colocamos palomas mensajeras en un planetario, siempre vuelan en la dirección de ciertos patrones estelares, y algunas tortugas viajeras se dirigen, invariablemente, hacia un imán colocado en la piscina.
Señales cruzadas:
Con el paso de los años, los sistemas humanos de navegación se fueron alejando de aquellos empleados por especies migratorias; en este camino evolutivo han aumentado su poder, precisión y seguridad. En el siglo xx, la radio ofreció una nueva forma de orientarse. Si usted recibe una señal de radio y cuenta con una antena apropiada, es posible calcular la dirección desde la que aquella es enviada; sin embargo, no podrá conocer la distancia a la que se encuentra el transmisor. Si recibe la señal de dos o más transmisores que se encuentran situados en lugares conocidos, puede enton¬ces calcular su posición con exactitud. Basta con colocar un mapa que contenga los sitios conocidos de los transmisores y que busque un sitio en el que la posición relativa de los transmisores coincida con la que usted ha observado (el trabajo es algo complejo, pero muy preciso).
Con este sistema general (existen muchas variantes) es posible determinar la posición de cualquier nave con gran precisión y, con la ayuda de una computadora, esto se puede realizar en menos de un segundo. Este sistema funciona continuamente: los transmisores son atendidos segundo a segundo por técnicos y no existe forma de que las señales sean distorsionadas para producir una lectura errónea. Existen muchas variantes de esta idea básica; dos ejemplos son el Loran (long range navigation o “navegación a gran distancia”), empleado principalmente por el mundo civil, y el Tacan (tactical air navigation o “navegación aérea táctica”), empleado principalmente por los militares.
Solución global:
En los últimos años se ha popularizado una variante de navegación auxiliada por ondas de radio que resulta muy interesante. Durante la Guerra Fría, los submarinos nucleares cargados con cohetes balísticos intercontinentales eran la mejor garantía militar. Un ataque por sorpresa de cualquiera de las superpotencias podría destruir, probablemente, los cohetes nucleares basados en tierra y los bombarderos del enemigo, pero difícilmente podría eliminar a los submarinos.
Para que estas fantásticas naves pudieran acertar en sus blancos requerían de un sistema perfecto de navegación que fuera universal (a diferencia del Loran y otros sistemas similares que sólo permiten la navegación precisa cerca de un puerto, por ejemplo); incorruptible (el enemigo, a pesar de contar con recursos técnicos ilimitados, no debería poder interrumpir o alterar las señales) y, por supuesto, requería ser muy exacto. Durante esa época, Estados Unidos colocó una constelación de satélites que enviaban señales de radio ultra exactas a través de las cuales era posible conocer la posición del receptor en cualquier lugar del planeta, en cualquier clima Y con una fidelidad fabulosa; este sistema ofrece actualmente una precisión de tres metros.
En tierra y aire:
Durante más de 20 años, el Global Positioning System (sistema de posicionamiento global) fue un gran secreto. Esto cambió en la década de 1990. Ahora, por unos cuantos dólares, usted puede conseguir un receptor manual tan exacto como los mejores dispositivos militares. Existen también receptores CPS en algunos teléfonos celulares Y en relojes de pulsera; hay módulos para su agenda de mano y sofisticados sistemas que le permiten conducir en cualquier ciudad del planeta con la misma precisión (o mayor) que la de una persona que nació en ella. Los sistemas GPS sirven hoy para seguir a los transportes de mercancías en su ruta (y detectar desviaciones no autorizadas); para los amantes del campo (ahora pueden caminar sin perderse hasta en los ambientes más difíciles) y, desde luego, para conducir cómodamente a millones de personas todos los días por los cielos.