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Palacios, basílicas y conventos en Praga

Escrito por de 16 de junio de 2009 con 0 Comentarios

Vista panorámica de Praga

Vista panorámica de Praga

Pocas ciudades pueden compararse con Praga cuando se trata de exhibir vida y belleza, silencios y fragor. Pasear por las calles de la ciudad checa es equiparable a visitar una gran y sorprendente obra de arte. Muchos de sus edificios están llenos de encanto y unos cuentos de ellos albergan auténticas joyas que realzan todavía más su interés histórico y arquitectónico.

Palacio Wallenstein

Es el caso del Palacio Wallenstein, construido entre 1624 y 1630 bajo la dirección de Giovanni Pieroni. Debe su nombre al generalísimo de los ejércitos imperiales y es uno de los mayores edificios barrocos de la ciudad. En el techo de la Sala de los Caballeros puede admirarse una enorme pintura de Baccio Bianco en homenaje a los triunfos militares de Wallenstein.

Basílica de San Jorge

Situada en el Castillo de Praga, es una espléndida muestra de arquitectura románica y, además, todo un aliciente para los aficionados a la música de cámara, ya que muy a menudo acoge conciertos de este tipo. La basílica fue fundada en el siglo X por el príncipe Vratislao I. Una de sus piezas más destacadas es el retrato del Santo Padre, obra del Maestro Teodorico que se incluye en la colección de la Galería Nacional.

Sala de los Espejos del Clementinum

Un conjunto de edificios relacionados con la iglesia de San Clemente y bautizados en consecuencia como Clementinum ha adquirido también una gran importancia como sala de conciertos. La Sala de los Espejos, creada por Kanka en la primera mitad del siglo XVIII , es uno de los principales atractivos de un antiguo colegio jesuita rico en espejos y estucos.

Rudolfinum

Todo un emporio de las artes, este edificio neorrenacentista levantado hace 120 años (en honor de Rodolfo de Habsburgo) por los arquitectos Zítek y Schulz posee una sala de conciertos con capacidad para 1.200 espectadores. También cuenta con una magnífica sala de exposiciones.

Convento de Santa Inés

Este ejemplo del gótico temprano en la capital checa fue fundado en el primer tercio del siglo XIII por el rey Venceslao I y su hermana Inés, princesa Premyslida y perteneciente a la orden de las monjas clarisas. Inés que fue canonizada hace veinte años, fue en realidad la primera abadesa de un convento que funcionó hasta 1748, cuando fue suprimido por José II. Más tarde se convirtió en un convento de pobres, pero treinta años atrás fue restaurado y pasó a albergar una colección de pinturas y esculturas del siglo XIX.

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