Pedraza, una bella aldea de piedra
Segovia es una provincia de la región de Castilla, España, en ella y a una hora y cuarto de Madrid, nos encontramos con la aldea medieval de Pedraza, erigida sobre un cerro al igual que un acorazado de roca. El pueblo con pocas calles, todavía conserva sus antiguas casonas, sus iglesias y la cárcel construidas en base a roca. Es un testimonio viviente de un remoto pasado, el lugar es ideal para disfrutar del tradicional cochinillo, un ritual que se conserva desde lo profundo de los tiempos.
Sobre la torre de la Iglesia de Santa María, que todavía conserva sus ocho arcos y la puerta hecha en piedra pareciera que las nubes quisieran posarse. Internarse en sus angostas callejuelas y dejarse perder es como transportarse a otro tiempo, ellas serpentean entre construcciones en líneas rectas con puertas y ventanas en arcada y en primavera sus patios se ven perfumados por sus parras.
En Los Conciertos de las Velas, que se dan los primeros sábados de Julio, a la aldea se la ve espectral y hasta extraña, la iluminan miles de llamitas que están ubicadas en las ventanas de cada casa; en esas noches se suelen ejecutar piezas clásicas del más alto nivel en el patio de armas del Castillo o en la plaza Mayor.
La historia del pueblo de piedra viva y sus rincones
Pedraza se remonta al año IV (a.C.) es creencia que sus primeros habitantes fueron los celtas, que se vieron atraídos por la cercanía del río Cega. Después fue la llegada de los romanos, hasta existen algunas teorías que sostienen que el emperador Trajano nació en el lugar. Pedraza fue dominio señorial desde mediados del siglo XIV y hasta comienzos de XIX cuando fueron abolidos. Bernardino Fernández de Velasco, Condestable de Castilla y primer duque de Frías, obtuvo el señorío de Pedraza en el siglo XV, mediante una dote matrimonial.
Al salir de Santa María se puede tomar la calle Mayor, que se comunica con los dos grandes templos de la aldea y sus plazas, también se puede llegar hasta un mirador, ideal para contemplar los atardeceres sobre los campos del lugar que se tornan dorados por efecto de la caída del Sol. Al llegar a la plaza Mayor, que aún conserva su porticado, pareciera que el tiempo definitivamente se detuvo en la Edad Media. Ese es el punto de reunión de sus habitantes y sigue siendo además, escenario del famoso encierro de Pedraza y alguna que otra corrida de toros. También desde aquí se puede acceder al más importante templo de la aldea, la Iglesia de San Juan Bautista, el exterior de la iglesia tiene toques románicos, en cambio en su interior la estética es barroca, tiene además una torre altiva con doble arquería. Por debajo todavía esta el estrecho pasadizo, que comunica con la plaza.
No se puede dejar de visitar el Castillo Zuloaga, en él estuvieron presos los hijos del Rey Francisco I de Francia, desde el año 1525 y hasta 1529. Lleva este nombre en honor al pintor Ignacio Zuloaga, quien lo compró y restauró en 1926; desde una de las torres, pintaba paisajes y retrataba personajes. En otra están expuestos sus obras junto a un Cristo del Greco y un retrato de la condesa de Baena, de Goya. El patio de armas y el aljibe son imprescindibles.
La Cárcel, un edificio del siglo XIII, es un sitio interesante pero no deja de ser un lugar oscuro. Todavía pueden verse en su interior los cepos con que eran sometidos los presos, la gran chimenea con su escudo original y las dependencias del carcelero. Los sótanos, conservan sus mazmorras y la sala de torturas.
Un momento de sumo placer será la hora de probar el ya tradicional cochinillo. En este lugar, a los cerdos los crían alimentándolos con bellotas y su carne resulta sumamente tierna. Es costumbre que en cualquier taberna o restaurante tradicional de la villa, una vez que el cochinillo este listo para degustar, se lo sirva en la mesa y para dar fé de que es tierno, se lo corte con un plato. Ya en la sobremesa, imperdonable no probar el brandy Cardenal Mendoza, exquisito, muchos lo consideran superior a varios coñacs franceses.
