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Praga bulliciosa

Escrito por de 8 de julio de 2009 con 0 Comentarios

Vista de Praga

Vista de Praga

Cualquier ciudad es la suma de multitud de elementos. La historia y la arquitectura acostumbran a ser piezas esenciales de la fisonomía de las urbes, pero la mayoría no serían nada atractivas si no fuera por sus gentes, por el ambiente que se crea en ciertas calles. En el caso de Praga, uno de los espacios más bulliciosos es sin duda la denominada Cruz de Oro, que tiene su punto central en la Plaza Vanceslao y comprende también las avenidas Narodny y Prikopy y las calles Jindrisska y Vodickova.

Del silencio a la vida

Algunos turistas parecen especializados en la búsqueda del silencio. Acuden a las ciudades con la esperanza de captar su alma a través de monumentos y adoquines, quizá también con la ayuda de la mirada de sus habitantes. Buscan los rincones más recónditos con la esperanza de imaginarse cómo eran muchos años atrás, con la intención de remontarse a otras épocas y sentir el latido de otros tiempos. Muchos otros visitantes, sin embargo, se sienten más atraídos por la vida de ahora, por el ruido ensordecedor de las conversaciones, los gritos y las risas. Quien forme parte de este segundo grupo hará bien en perderse por la Cruz de Oro de Praga.

Plaza Venceslao

Para empezar, nada mejor que la Plaza Venceslao, que además ofrece la indiscutible ventaja de haber sido testigo de numerosos acontecimientos históricos que también harán las delicias de quienes deseen trasladarse siglos atrás con la ayuda de la imaginación. Actualmente, la plaza está repleta de cafés perfectos para sentarse y observar el paso de la gente, auténticas multitudes que la ocupan a cualquier hora del día para deleitarse con sus edificios, contemplar la estatua de Venceslao o dedicar su atención al altar improvisado que recuerda a las víctimas del comunismo.

Gente y otros alicientes

Pero lo cierto es que cualquiera de las calles antes citadas es perfecta para perderse entre la gente, ya sea paseando o sentándonos en cualquiera de las terrazas que inundan la parte más concurrida de la capital checa. Como es obvio, los alicientes van mucho más allá de la presencia de una multitud tan variable como inmutable. La Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, el Palacio Koruna o el Museo Nacional son algunos de los elementos imprescindibles de un espacio en el que casi será imposible que nos sintamos solos. Cafés, bodegas, hoteles y todo tipo de comercios contribuyen a que no se disipe nuestro deseo de no perdernos ni un detalle de la Praga moderna.

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