Recorriendo Londres de la mano de Virginia Woolf
Caminar al ritmo de su escritura. Caminar entre la hora del té y de la cena. Caminar por placer, para obtener “el mayor de los descansos”. Caminar sola. Caminar sin rumbo. Para Virginia Woolf, caminar por las calles de Londres era más reconfortante que hacerlo en el campo.”Londres es encantador. Me subo a una colorida alfombra mágica, pareciera, y me dejo llevar por la belleza sin levantar un dedo. Las noches son sorprendentes, con todos los blancos pórticos y las anchas y silenciosas avenidas”, escribió en su diario, en uno de los muchos comentarios elogiosos sobre su ciudad.