Toledo, la ciudad inmortal
Considerada por muchos la segunda Roma, la ciudad manchega no deja de ser única en su historia, su cultura y su encanto. Su casco antiguo está vinculado a la religión. Musulmanes, judíos y cristianos han tenido una época esplendorosa en las calles toledanas.
Sorpresas en cada esquina
El tamaño de la capital de Castilla-La Mancha, tan sólo cuenta con 70.000 habitantes, es inversamente proporcional a su belleza. Un paseo por sus estrechas callejuelas con empinadas cuestas, nos devolverán a una época de cuento.
Siempre es posible descubrir un nuevo monumento, una pequeña iglesias en un callejón o un recuerdo inolvidable en la siguiente esquina. Y por supuesto sus vistas desde las afueras. Toledo emerge imponente en una península sobre el río Tajo.
Aquellos que visitan la ciudad en un solo día piensan que lo han visto todo. Están muy equivocados. Toledo no es sólo su Catedral o el barrio de la judería. Es una ciudad repleta de sorpresas en cada una de sus angostas callejuelas.
Una noche toledana
A lo largo de los siglos la urbe toledana ha sabido conservar numerosos templos arquitectónicos, culturales y artísticos. Iglesias, mezquitas y sinagogas, fiel reflejo de las tres religiones monoteístas que caracterizaron la ciudad a lo largo de los siglos, se mezclan en las calles de esta bella ciudad.
Toledo no sólo está compuesto de monumentos y templos dedicados a la religión. Sus calles están llenas de historias, de leyendas. Sus impresionantes murallas o el impresionante Alcázar, testigo directo de la historia de España, hacen de Toledo un museo al aire libre muy singular.
Caminando por la antigua judería nos encontraremos ante la Casa de El Greco. Desde 1910 fue convertida en museo, en el que se exhiben cuadros y pinturas de este genial pintor.
La noche toledana, que da sentido a un mítico refrán, no podía ser menos que sorprendente. Entre sombras y alumbrados por los candiles de sus calles, descubriremos una nueva forma de disfrutar de esta bella ciudad. Para no perdérsela.
