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Un monumento muy habitado : El Pino centenario de Mazagón.

Escrito por de 20 de agosto de 2008 con 0 Comentarios

Este Pino centenario (Pinus pinea) cuya copa se ha desarrollado más en extensión que en altura, es una de las reliquias de las repoblaciones llevadas a cabo en toda la Comarca de Doñana desde 1730 (C.M.A., Junta de Andalucía ).

Hoy, en Monumentos Naturales de Andalucía, naturaleza, paisajes, historia y gastronomía en la Costa de la Luz, Huelva.

El entorno natural

El pino centenario de Mazagón extiende sus ramas en mitad del pinar como esos árboles de película; de noche, con la luna de Agosto, parece que el fantasma del jinete sin cabeza de Sleepy Hollow va a salir de sus enormes raices a recorrer la Tierra Llana de Huelva. De día, parece aquel árbol donde quedaron encaramados los hijos del Capitán Grahm tras un diluvio amazónico. Lo cierto, es que da mucho juego a la imaginación este pino centenario. En esta tierra todo es grande; El Término de Moguer, que es donde nos encontramos, tiene una extensión de 204 Km cuadrados; el pinar donde se asienta nuestro protagonista es este inmenso y verde Parque Natural de Doñana, zona de dispersión del Lince Ibérico. La vista de su costa desde El Parador Nacional de Mazagón, justo al lado del lugar exacto donde está nuestro Pino, va desde Matalascañas hasta Huelva. No hace muchos años, en la orilla, se podían divisar tortugas marinas, y hoy dia, en las golas de sus playas, aún crían pequeños hipocampus y la exquisita coquina. Degustarlas a ser posible compañada de un Andrade, del vecino Condado, bien frío.

Mazagón

Mazagón es una población costera de veraneo tradicional para las élites de Huelva y Sevilla desde la década de los años veinte. Son bellas postales el Faro de Picacho, rodeado de un bellísimo pinar, o el Espigón al atardecer, donde se pescan buenas brecas. Si Mazagón está junto a Doñana, la vecina Matalascañas está prácticamente en medio.

Matalascañas

Antiguas políticas de urbanización que no fueron demasiado acertadas incrementaron la ocupación estival de esta urbanización de forma desmesurada, creando un conflicto de sostenibilidad al Ayuntamiento de Almonte, al cual pertenece. La reordenación del tráfico y los accesos a Doñana, la conservación y embellecimiento de espacios públicos, como jardines y antiguas dunas, el desarrollo turístico en el coto , los servicios culturales, médicos, urbanos y de playa,… en una palabra, la madurez de este espacio urbano está demostrando al mundo poco a poco como miles de personas viven en el paraiso de forma sostenible dos meses al año. La oferta es diversa: Cultural, con el Museo de Cetáceos – ofrece visitas en barco por las zonas de humedal de Punta Umbría -, la puesta del sol, la bici, andar por las pasarelas de Doñana, los deportes naúticos, o salir de copas. Y muchas cosas más que el pudor y mis recuerdos me impiden contar. Al final del día, si miramos al sureste desde los palos, aún podemos ver el semblante arrugado, tras mil batallas marinas, de un viejo pescador remendando un nuevo trasmallo que calará esta misma tarde a un par de millas en busca del apreciado y escurridizo langostino.

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