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Consejos para viajeros

Vida al aire libre: Purificando el agua

Escrito por Mariana / 17 de Octubre de 2008

Si el acampante por algún motivo se encuentra en la situación de requerir agua de un cauce natural, existen algunas técnicas que puede utilizar para filtrarla y depurarla. De esta manera, logrará proteger su salud.

Cualquier viajero que disfrute de salir a acampar, o esté acostumbrado a hacer vida al aire libre, conoce bien la importancia de aprovisionarse de agua potable. Pero, ¿qué pasa cuando se nos termina súbitamente nuestra provisión y no tenemos agua limpia a nuestro alcance? ¿Cuáles son las técnicas recomendadas para purificar agua, de manera de poder consumirla sin riesgos? Los procedimientos a seguir dependen de los elementos con los que contemos. Veamos algunos de los más simples.

Los primeros pasos: filtrar el agua

Es necesario saber que toda agua debe ser purificada antes de ser ingerida, con la posible excepción del agua de lluvia (si es que tenemos algún recipiente en donde recogerla), la extraída de las plantas (siempre en recipientes bien limpios) o bien la proveniente de lagos, arroyos y ríos provenientes de deshielo (siempre y cuando los lugareños nos hayan asegurado que está fuera del alcance de fábricas o destilerías).

Si hemos conseguido agua de río y la misma está turbia, podemos probar dejarla en reposo unas cuantas horas, hasta que el sedimento se deposite en el fondo del recipiente. Después, procederemos a colar cuidadosamente el agua con un género. Lo mismo sirve para cuando en el agua hay ramitas, espinas o restos de hojas secas.

Otro método se logra colocando el jugo de medio limón dentro de una jarra con agua turbia, y luego dejando que decante cierto tiempo. La borra se asentará y el agua se clarificará. Un resultado similar puede obtenerse con otras frutas cítricas, aunque el limón es el de sabor más neutro y el que menos mancha.

Algo fundamental: la depuración

Una vez que la suciedad más visible del agua ha sido extraída lo mejor posible, el paso a seguir es depurarla: los viajeros deben tener en cuenta que aunque el agua se vea limpia y clara, sin olor ni sabor, aún así puede contener en ella microorganismos que afecten nuestra salud.

Lo más sencillo es colocar el agua en una olla y hervirla durante aproximadamente quince minutos. Es conveniente adicionar un minuto más por cada 300 metros de altura, ya que debido a la baja presión propia de las cumbres, el agua hervirá a una temperatura menor a los 100 ° C y se necesitará más tiempo para matar a las bacterias.

Se pueden agregar tres pastillas de cloramina T por litro de agua (seis en caso de aguas turbias). Pero es necesario esperar treinta minutos antes de beber. Lo mismo si se utilizan cinco gotas de tintura de yodo (diez para aguas sucias). Con estas técnicas, el agua tendrá mejor sabor si se la oxigena pasándola de uno a otro recipiente.

Para estar seguros, lo mejor es combinar el procedimiento de hervir el agua con el de agregar alguna sustancia química. De esta manera, tal vez no obtengamos el agua más pura, fresca y cristalina, pero reduciremos al mínimo los riesgos de enfermarnos.

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